Sí, un plan de medidas de apoyo al sector del arte. Y, de verdad, como consigamos arreglarlo, ¿qué crisis se nos resistirá? Con toda probabilidad, ninguna. Serán las demás naciones las que acudan a la nuestra en busca de ese bálsamo de Fierabrás que nos ha de colocar a la cabeza del mundo civilizado.
Como las grandes creaciones de la humanidad, el plan no tiene autor conocido, lo han urdido "diversas asociaciones", según recoge toda la prensa nacional, con el natural alborozo. Y es que no era otra cosa lo que necesitábamos los españoles que un plan para salvar el arte (a veces añaden, y la cultura). Vienen a ratificar, esas asociaciones, que en España se crea todo lo que haga falta, pero, como la administración no mueve un dedo, todo se queda en los almacenes de los galeristas, y no están los tiempos para dejar el buen paño en el arca. Quieren que se exporte, que se promueva internacionalmente eso, la creatividad, el arte español, que si no es más demandado es porque no es mejor conocido. Ni necesitamos preguntar por ahí cómo anda esa esquiva demanda; con potenciar la oferta, mediante el dinero público, es suficiente para obrar el milagro y empapelar Manhattan con cuadros y fotos de artistas españoles.
Esas "asociaciones" tan preocupadas por al arte, mucho menos por el destino y rendimiento del dinero de los contribuyentes, reclaman terminar ya con los recortes a los presupuestos de cultura que andan las administraciones asestando a diestro y sinniestro. Ya los fabricantes de coches abrieron camino y ¡mira que lo intentan los apaleados promotores inmobiliarios! Los promotores culturales no iban a ser menos.
Quieren eso, y un IVA cultural a la medida, aumentar las desgravaciones por inversiones o compras culturales, o sea, cuadros. Y se reclaman, con toda razón, de los cineastas que, con ceja o sin ella, han conseguido la cuadratura del círculo: que una vez creado un producto, cultural, desde luego, no haya que molestarse ni en hacerlo llegar al público, no sea que en la distribución se pierda el dinero ganado con la subvención. Y ya ven las inigualables cotas de excelencia en las que raya nuestro cine.
Una ley de patrocinio a la altura de los tiempos es imprescindible, lo del IVA dudoso, pero negociable. El aumento de las subvenciones, no. Durante los tiempos de bonanza ha habido galerías, de trayectoria y estrategia ejemplares, que han creado clientela, fomentado la necesidad en ella y, en suma, garantizado su futuro. Pero no han sido menos, sino más, las que, amparadas en la bonanza económica, han vendido sin escrúpulo obras cualesquiera a cualesquiera precios que algún incauto pagaba. De ahí la decepción, y el cabreo, oiga, el cabreo, cuando uno descubre que por la superfoto de 7.000€ no hay quién dé 1.000. Probablementte no hay quién dé nada, y ese es el mercado del arte que se ha fomentado con la mayor inconsciencia. Ahora que venga el estado a recomponer haciendas y reputaciones.
¿No han aprovechado bastante el oportunismo, dicen que político; la garrulería, admiten que generalizada, de nuestros concejales, diputados, consejeros y otras especies igualmente depredadoras que pueblan el ecosistema cultura? No: porque no les pagan. Tanto centro de arte, tanto museo en cada pueblo... las galerías viajaban en camión del uno al otro confín patrio y colocaban la mercancía; el director de turno, apoyado por el consejero del ramo, que ya pagará. Y que no paga: pues a por el moroso, pero midamos bien lo que sale de las arcas públicas, que ya sabemos cuanto cuesta llenarlas.
Lógicamente, ninguna de estas "asociaciones" que tanto urgen a la sociedad a velar por sus intereses, piensa someterse a plebiscito popular alguno, ni en Murcia (donde ganarían de calle, a la vista de la insaciable sed de arte que asuela la huerta).Tampoco parece que vayan a integrase en alguna candidatura con particular atención a la cosa cultural. Ni nada por el estilo. No, sin contrastar con los ciudadanos, ellos van directamente a la cabeza y quieren que sean los políticos los que les saquen las castañas del fuego (quizá porque detectan en ellos una cierta poroclividad al espectáculo muy en sintonía con el arte actual).
Y no deja de haber una cierta presunción en esa manera de erigirse en portavoces sociales, para reclamar que se les desvíen más fondos. Y además con "buenas prácticas": o sea, quítate tú pa ponerme yo. Porque al medrar llaman, ahora, "buenas prácticas", amigo Malraux. Y así reaccionan los que ya tienen sillón, preguntados al respecto del plan: "tendría que ver el contenido", "no sé", "lo estudiaré", "algo habrá qué hacer..." y otras opiniones contundentes que van desgranando por donde pasan Borja Villell o José Guirao o Consuelo Císcar que, como mujer, tiene las cosas mucho más claras: a ella que le den más dinero y ya está.
Poco creible, pero enternecedora, la llamada final de esas "asocioaciones" a la reforma educativa: los quieren tiernos; y me imagino yo a pandis enteras por las galerías, como por la calle Fuencarral, desordenándolo todo y eligiendo grabados para quiénes pasaron la selectividad con buena nota, de lo cultos que serán , y lo bien educados en el apoyo a las artes que estarán.
Pues no crean que nada de esto cayó en saco roto. Antes incluso de lo que ellos mismos imaginaron, ya ha surgido en Washingtong la primera iniciativa de apoyo a las artes y la cultura españolas por parte de la Embaja en la capital USA: Spanish Arts & Culture. Por si había pocas instituciones españolas compitiendo entre sí por no se sabe qué, ahora llega la embajada y abre plan. Ya veía yo una esperanzadora concentración de materia gris a orillas del Potomac: la Infanta Cristina, vive allá (con los hijos ya criados y mucho tiempo libre), y también fue de Consejero Cultural de la Embajada, Guillermo Corral, que no es cualquier cosa este apóstol de las industrias culturales, de las que, con todo, no nos transmitió otra noticia que su pretendida articulación desde una dirección general hecha a su medida por aquel señor Molina, el poeta.
Pues ya tenemos plan, varios, y pónganse de acuerdo, porque gastar se gasta, demasiado. Otra cosa es que alguien establezca objetivos para ese gasto, mucho menos estrategias acordes y, ¡por favor!, que somos cultos, no me hablen de evaluación de resultados.
El hablador ejercita la capacidad que lo entitula aplicándola a la realidad que le rodea, asalta, sueña o, hasta, celebra. Se cree "donado" para ello, aunque no asumiría la responsabilidad de la huella indeleble, sí el burbujeo virtual y pasajero de las palabras. Y lo hace desde una perspectiva picaresca, sin esperanza ni ambición: pero es que hay que vivir...
miércoles, 23 de febrero de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
Febrero en Madrid
![]() |
| ¿Arco o Cibeles? |
![]() |
| ¿Cibeles o Arco? |
Y por Arco, otro de los regalos de febrerillo, el loco. Arco: ese rompeolas de opiniones sobre arte, en el que todos tenemos derecho a dejar nuestra impronta; los quince minutos de celebridad al año para cualquier enterao que se precie y quiera discutir con un galerista (nada menos); la impagable sensación de compartir, y hasta controlar (en tremendo monopoly), las claves del mercado del arte. Pero el grande, el verdadero, el regalo que Arco hace a las masas, y estas raramente saben corresponder, es el ascenso en la escala social. Y un día cualquiera de febrero, sin saber muy bien porqué, se encuentra uno dentro de una burbuja, un poco claustrofóbica tal vez, pero ¿a quién le importa?, una burbuja nada especulativa, sino de las de verdad, creada por algún eximio artista para alguna generosa marca de cualquier bebida cara; y tú ahí, rozándote, si se tercia, con la baronesa Thysen, generosa en todo, y también en las formas y contornos que la delimitan. Porque a la que no rozas ni de broma es a Leticia, qué flaca esta esa chica, por dios.
Yo mismo: empecé pagándome la entrada, por ir, porque todo el mundo iba; y tardé años en enterarme de que, además, había gente que compraba cuadros, o fotos, o cualquier otra cosa. Ahí me puse como fundamentalista: ¿qué hacía yo, que no tenía la mínima intención de comprar nada, en una feria? También puedo estar interesado en los viajes y no me paso tres días recogiendo folletos en Fitur, por no hablar de Iberjoya, donde seguro que exponen unas cosas estupendas.
Craso error: estuve a punto de frenar, y desde luego comprometí seriamente, mi ascenso social. Y muy poco después ya no pagaba la entrada, visitaba la feria rodeado de magantes, me emborrachaba gratis y, sí, también: incluso llegué a ligar. Ya en la etapa final de mi exitosa fusión con el arte contemporáneo, ni siquiera necesitaba ir al recinto ferial para disfrutar de él y hacer todas esas cosas: me bastaba con hartarme de copas en el Cock: Y eso sí que es arte.
Lo que después de treinta años no ha conseguido Arco es que las galeristas rejuvenezcan, que los artistas se arreglen un poco, que los coleccionistas adelgacen. Porque al lado, y a la vez, se celebra la pasarela Cibeles, y no hay color. Así que, en cuanto termine la conjura de los periodistas y Leticia se/nos confiese que le apetece mucho más la movida del pabellón de al lado, Arco se va a quedar solo con sus compradores y nos vamos a ir yendo todos hacia Cibeles, aunque no den tanto de beber.
Muy importante la conjura mediática: allá se van los becarios a sentar reales tres días, sin parar de comentar. Así que si tienes la santa prudencia de quedarte en casa leyendo los periódicos, pudieras llegar a cultivar la impresión de que el futuro del arte y la cultura contemporáneos, se juega precisamente en ese pabellón del Ifema de Madrid, mientras tú te repantingas en tu casa. Los medios chequean la salud del "sistema arte" por ti, le aplican cataplasmas, comentan el efecto de las mismas, se le dan electroshocks; todo para mantener a no se sabe quién informado de no se sabe qué. Cualquiera comenta los solo-projects, como si no se dedicara a otra cosa, o se desilusiona con los projects-rooms, se abomina de lo electrónico, o se echan a faltar las performances. Y los pobres galeristas que no saben qué salida dar al género.
Todos los años lo mismo: comenzamos con malas expectativas, la crisis causa temor; para tres días después respirar aliviados, celebrando que el arte goza de buena salud y las ventas no se han visto afectadas por esa crisis tan ordinaria que aquí no tiene fuero, hasta ahí podíamos llegar: ¡le van a decir a la baronesa que su colección vale ochocientos mil millones menos!. Y sí, respiramos aliviados como si nos correspondiera algún porcentaje de esas ventas por ser contribuyentes, o por cualquier otra audaz pirueta fiscal de Zapatero, ¿porqué no?, el arte es de todos ¿no?. Aunque el resto del año haya que continuar denunciando que no se vende un colín... y vuelta a empezar. Mientras, las cifras de Iberjoya duermen el sueño de los justos, como las de las ferias de maquinaria agrícola, o cualquier otro de los bienes que inciden de verdad en nuestra vida diaria; mucho más que el arte, para el caso.
Pero nos gusta Arco, nos pone, cómo nos pone decir eso de "yo solo compro lo que me gusta, no pienso en la inversión". Con esa filosofía de vida, Arco ha sembrado de espantos los adosados y áticos de medio Madrid, pero, sin duda, también ha hecho feliz a mucha gente. Y si pusieran a un director más alegre pues todavía haría feliz a más, quién sabe si, quizá, hasta a los galeristas.
jueves, 17 de febrero de 2011
De ratones y hombres.
No siempre ha sido así, pero, ahora, ser europeo es garantía de alcanzar un desarrollo humano/ista razonable y sostenible, en el que cuerpo y mente puedan aunar estrategias y objetivos en pro de una vida cada vez mejor. En general, en Europa los estados no se vuelven contra sus ciudadanos y hasta, más bien, se la cogen con papel de fumar a la hora de exigirles sus obligaciones. Que suelen ser fiscales para la gran mayoría, y también penales, civiles, o hasta militares, según, ya , las tendencias y comportamientos de cada uno.
No es así, por unas razones u otras, en grandes territorios de la América portugués, anglo o hispano parlante. Y no es así, en absoluto, en Cuba, la perla caribeña que con la misma facilidad con que se abre de piernas a los extraños, cierra sus entrañas a los propios; ocasionando tanto dolor, que bastaría para que algún tribunal, de algúna organización, de algún mundo, privara a su gobierno de la patria potestad sobre el pueblo. Porque ya está bien de que los ratones tiranicen a los hombres.
Hay lugares, como Cuba, en los que la mera existencia, el hecho de nacer, te coloca frente al estado. Eres homosexual y te conviertes en un enemigo, parece que personal,de Fidel Castro. Con lo que ya eres reo de todo tipo de represión, sí, penal, civil y militar. Ha sido detenido un grupo de homos que han dado, encima, en asociarse, y, ya son ganas, adscribirse al nombre de Reynaldo Arenas. Pues la asociación entera está en la cárcel (no deben pasar de seis o siete miembros, pero son la asocicaión entera, con algún admirador que se encontraba en el lugar equivocado cuando los ratones patrullaban) . Detenidos el pasado lunes, de momento no se sabe dónde se encuentran, tampoco de qué se les acusa, ni, muucho menos, cómo se les auxilia, nada.
Eso es un dato, solo, de los muchos que aparecen en las páginas de los diarios europeos dando cuenta de hechos similares, y peores, por todo el mundo. Tras los datos hay vidas, planes, proyectos, que se vienen abajo por la arbitrariedad de un raton gris que se decidió a armarla, y cercenó el futuro de hombres que, de entrada, y aunque ese fuera su único valor, han tenido la sensatez de reclamar sus derechos... de hombre, ese mundo tan ajeno al de los ratones.
España se estremece ante cualquier represión política o merma de la libertad de expresión. Y si algún partido de fútbol excesivo, o cualquier otra circunstancia, distrajera nuestra atención; si, Lenin no lo quiera, se nos pasara algo por alto, ahí estará Willy Toledo manifestándose para denunciar la culpabilidad de nuestra siesta burguesa. Y la cosa va por barrios, otras veces es el PP el que se empeña en organizar la cabalgata de los reyes magos en La Habana, para que se hable de valores, supongo. El caso es ese, que con la política la gente se moviliza fácil. Que se pateen maricones ya no importa tanto. Porque en el fondo, como se decía en tiempos de Franco, algo habrán hecho.
A nadie extraña (bueno, esto no es exacto: hay a quién ha extrañado, sí) que el poder salga en tromba por los fueros de un ciclista en cuya sangre se han encontrado sustancias dopantes. Parece labor propia de jefes de gobierno y oposición, esa de velar por la cantidad, calidad o efectos de las drogas que se embaulan sus ciudadanos. Pero ¿quién es el guapo que sale a defender a los homosexuales de los atropellos de que puedan ser objeto? Y menos, salvo alusiones demasiado genéricas, en un contexto internacional en el que tan de moda está defender cualquier otro derecho humano que no sea "ese". Vamos, ni la Trini, que tan mona se pone para acudir a bodas de sus amigos galeristas (por lo menos...), tiene nada qué decir de lo que ocurra en Cuba a este respecto.
El cinismo de los ratones es de sobra conocido, no tienen mayor inconveniente en exponer la juventud de Cuba a las frustraciones de tantos europeos que allá deponen sus miserias, sobre los cuerpos dorados de los caribeños, siempre que dejen, claro está, las ansiadas divisas. En los hoteles internacionales, los cubanos se muestran todo lo respetuosos con los derechos humanos, que cabe esperar de quien comercia con su juventud. Pero cuando se apagan las luces y se va el público, si algún hombre se atreve a serlo desafiando la condición de los ratones, bueno, hay medios para reducirlo.
Así que cada vez que veo una de esas películas de veranos y azoteas habaneros, calenturas y salsa, con las que lo más tonto del cine español se adorna de multiculturalismo, siento ese mismo cinismo tras la mistificación pseudopropagandística cuyos únicos beneficiarios son, desde luego, los ratones. ¿Cómo se puede trabajar con ningún valor simbólico, de esos que maneja el arte, e ignorar que solo acceden a Internet los ratones? ¿Ve, mientras ruedan, el señor Zambrano (u otros), a los hombres que duermen en los parques de La Habana, esperando que abra la Embajada Americana para conseguir veinte minutos de conexión?, por supuesto a unas velocidades que no permiten ni gestionar el correo.
Nadie en la izquierda europea puede tirar la primera piedra en la consideración que Fidel Castro ha disfrutado del Guadalquivir a los Urales. Pero gloria al que tire la última y, mientras tanto, sea la que sea, es hora de que los medios de comunicaciónn dejen de reir las gracias de un Castro fantasmal, cuando sale a animar al pueblo egipcio a la revuelta o a pontificar sobre cualquier cosa, ahora que parece que recupera la forma y ya alcanza los 45 minutos de discurso sin tener que recurrir a clembuterol de ninguna clase, que se sepa.
Quedan revoluciones pendientes y nuestra buena vida no puede hacer que las olvidemos. La represión de las ideas es terrible, pero no se conoce régimen, fórmula de gobierno o jerarquización colectiva, en la que no se ejerza de una u otra forma. Su represión por la violencia causa el natural impacto de las imágenes que vemos continuamente en la televisión: bahreiníes perforados por perdigones, iranís tiroteados, egipcios apaleados... Pero son fenómenos que cuentan con la repulsa mundial, de ahí, que sin menoscabar la enorme injusticia de cualquier aplicación de la violencia, se establezca una lucha en la que se conocen los medios y los fines, y cada uno elige entre plegarse al poder dominante o combatirlo.
La represion que se ejerce sobre los cuerpos es todavía más cruel: el reprimido no tiene cómo escapar, ni de ella ni del cuerpo que la origina. Cuando en Stonewall, aquellos americanos, musculosos o no, comenzaron a devolver las bofetadas a la policía, comenzó un camino que estamos recorriendo con más dignidad y coraje del que los ratones nos atribuyen habitualmente. Es el cuerpo el lugar de la identidad del individuo, también el de su vinculación a la sociedad; si se encarcela, tortura y hurta ese cuerpo, se está cercenando al individuo, lo que no da derecho a venir luego pidiendo fondos de cooperación al desarrollo: ¿a qué desarrollo?
No es así, por unas razones u otras, en grandes territorios de la América portugués, anglo o hispano parlante. Y no es así, en absoluto, en Cuba, la perla caribeña que con la misma facilidad con que se abre de piernas a los extraños, cierra sus entrañas a los propios; ocasionando tanto dolor, que bastaría para que algún tribunal, de algúna organización, de algún mundo, privara a su gobierno de la patria potestad sobre el pueblo. Porque ya está bien de que los ratones tiranicen a los hombres.
Hay lugares, como Cuba, en los que la mera existencia, el hecho de nacer, te coloca frente al estado. Eres homosexual y te conviertes en un enemigo, parece que personal,de Fidel Castro. Con lo que ya eres reo de todo tipo de represión, sí, penal, civil y militar. Ha sido detenido un grupo de homos que han dado, encima, en asociarse, y, ya son ganas, adscribirse al nombre de Reynaldo Arenas. Pues la asociación entera está en la cárcel (no deben pasar de seis o siete miembros, pero son la asocicaión entera, con algún admirador que se encontraba en el lugar equivocado cuando los ratones patrullaban) . Detenidos el pasado lunes, de momento no se sabe dónde se encuentran, tampoco de qué se les acusa, ni, muucho menos, cómo se les auxilia, nada.
Eso es un dato, solo, de los muchos que aparecen en las páginas de los diarios europeos dando cuenta de hechos similares, y peores, por todo el mundo. Tras los datos hay vidas, planes, proyectos, que se vienen abajo por la arbitrariedad de un raton gris que se decidió a armarla, y cercenó el futuro de hombres que, de entrada, y aunque ese fuera su único valor, han tenido la sensatez de reclamar sus derechos... de hombre, ese mundo tan ajeno al de los ratones.
España se estremece ante cualquier represión política o merma de la libertad de expresión. Y si algún partido de fútbol excesivo, o cualquier otra circunstancia, distrajera nuestra atención; si, Lenin no lo quiera, se nos pasara algo por alto, ahí estará Willy Toledo manifestándose para denunciar la culpabilidad de nuestra siesta burguesa. Y la cosa va por barrios, otras veces es el PP el que se empeña en organizar la cabalgata de los reyes magos en La Habana, para que se hable de valores, supongo. El caso es ese, que con la política la gente se moviliza fácil. Que se pateen maricones ya no importa tanto. Porque en el fondo, como se decía en tiempos de Franco, algo habrán hecho.
A nadie extraña (bueno, esto no es exacto: hay a quién ha extrañado, sí) que el poder salga en tromba por los fueros de un ciclista en cuya sangre se han encontrado sustancias dopantes. Parece labor propia de jefes de gobierno y oposición, esa de velar por la cantidad, calidad o efectos de las drogas que se embaulan sus ciudadanos. Pero ¿quién es el guapo que sale a defender a los homosexuales de los atropellos de que puedan ser objeto? Y menos, salvo alusiones demasiado genéricas, en un contexto internacional en el que tan de moda está defender cualquier otro derecho humano que no sea "ese". Vamos, ni la Trini, que tan mona se pone para acudir a bodas de sus amigos galeristas (por lo menos...), tiene nada qué decir de lo que ocurra en Cuba a este respecto.
El cinismo de los ratones es de sobra conocido, no tienen mayor inconveniente en exponer la juventud de Cuba a las frustraciones de tantos europeos que allá deponen sus miserias, sobre los cuerpos dorados de los caribeños, siempre que dejen, claro está, las ansiadas divisas. En los hoteles internacionales, los cubanos se muestran todo lo respetuosos con los derechos humanos, que cabe esperar de quien comercia con su juventud. Pero cuando se apagan las luces y se va el público, si algún hombre se atreve a serlo desafiando la condición de los ratones, bueno, hay medios para reducirlo.
Así que cada vez que veo una de esas películas de veranos y azoteas habaneros, calenturas y salsa, con las que lo más tonto del cine español se adorna de multiculturalismo, siento ese mismo cinismo tras la mistificación pseudopropagandística cuyos únicos beneficiarios son, desde luego, los ratones. ¿Cómo se puede trabajar con ningún valor simbólico, de esos que maneja el arte, e ignorar que solo acceden a Internet los ratones? ¿Ve, mientras ruedan, el señor Zambrano (u otros), a los hombres que duermen en los parques de La Habana, esperando que abra la Embajada Americana para conseguir veinte minutos de conexión?, por supuesto a unas velocidades que no permiten ni gestionar el correo.
Nadie en la izquierda europea puede tirar la primera piedra en la consideración que Fidel Castro ha disfrutado del Guadalquivir a los Urales. Pero gloria al que tire la última y, mientras tanto, sea la que sea, es hora de que los medios de comunicaciónn dejen de reir las gracias de un Castro fantasmal, cuando sale a animar al pueblo egipcio a la revuelta o a pontificar sobre cualquier cosa, ahora que parece que recupera la forma y ya alcanza los 45 minutos de discurso sin tener que recurrir a clembuterol de ninguna clase, que se sepa.
Quedan revoluciones pendientes y nuestra buena vida no puede hacer que las olvidemos. La represión de las ideas es terrible, pero no se conoce régimen, fórmula de gobierno o jerarquización colectiva, en la que no se ejerza de una u otra forma. Su represión por la violencia causa el natural impacto de las imágenes que vemos continuamente en la televisión: bahreiníes perforados por perdigones, iranís tiroteados, egipcios apaleados... Pero son fenómenos que cuentan con la repulsa mundial, de ahí, que sin menoscabar la enorme injusticia de cualquier aplicación de la violencia, se establezca una lucha en la que se conocen los medios y los fines, y cada uno elige entre plegarse al poder dominante o combatirlo.
La represion que se ejerce sobre los cuerpos es todavía más cruel: el reprimido no tiene cómo escapar, ni de ella ni del cuerpo que la origina. Cuando en Stonewall, aquellos americanos, musculosos o no, comenzaron a devolver las bofetadas a la policía, comenzó un camino que estamos recorriendo con más dignidad y coraje del que los ratones nos atribuyen habitualmente. Es el cuerpo el lugar de la identidad del individuo, también el de su vinculación a la sociedad; si se encarcela, tortura y hurta ese cuerpo, se está cercenando al individuo, lo que no da derecho a venir luego pidiendo fondos de cooperación al desarrollo: ¿a qué desarrollo?
lunes, 14 de febrero de 2011
Goteras en el paraíso (y dos, prometido): la educación.
En uno de esos cualesquiera viajes de avión, me pongo a ojear distraídamente un revista (la brasileña Veja, para ser precisos). Y encuentro en ella un editorial de los que sacuden cualquier siesta. En él se venía a exponer, sin anestesia ninguna, la siguiente teoría. Los regímenes comunistas mantuvieron a sus ciudadanos tras el telón de acero, además de con otras acciones u omisiones igualmente reprobables, no permitiéndoles acceder a los pasaportes y visados necesarios que les darían a conocer el mundo exterior y, previsiblemente, a compararlo con el que les había tocado vivir. Eso lo entendía el autor como un factor de represión política por ignorancia, que, en Brasil, las clases dominantes no tienen ni que molestarse en aplicar. No, la educación, según Veja, es tan mala que el brasileño no sale, no sabe cómo, no alcanza el nivel de curiosidad que lleva a otros pueblos a mezclarse con el resto del mundo y formar parte de las democracias más avanzadas. Lo que se interpreta como una situación políticamente represiva y socialmente frustrante, además de las carencias competititvas que pudieran comprometer el futuro brasileño, frente a otras potencias igualmente emergentes.
Algún atisbo de semejante situación había tenido yo en mi vida cotidiana, pero como también se encuentra lo contrario, pues ya no sabe uno a qué atenerse. La realidad es que en este espectacular despegue económmico del gigante sudamericcano, nada da a entender que el acceso mayoritario de la población a mejores niveles de renta vaya a producirse vía educación. O sea, que no se producirá.
Para esclarecer el asunto, nada como acudir a PISA el informe, no la ciudad, que tantos disgustos ocasiona también a nuestro líder en España. Es verdad que parece conveniente una cierta melancolía para alcanzar los primeros puestos en la clasificación por países, y sus niveles educativos, que elabora ese informe. Es verdad que en Finlandia o Corea todo parece invitar al estudio. Pero esta alegria brasilera que sitúa al país en el puesto 53º, sobre un total de 65 examinados, parece también excesiva en los tiempos que corren. Indonesios, mexicanos o turcos, todos ellos con rentas per cápita por debajo de la brasileña, les superan ampliamente en todas las variables medidas.
Por muy extranjero que uno sea, no es normal que la apertura de una cuenta en un banco brasileño pueda demorar tres meses. ...de continuas discusiones, conversaciones y contrastes de documentación y pareceres con un amplio espectro de empleados, a cual más sorprendido por eso mismo, porque a un extranjero se le ocurra abrir una cuenta precisamente en esa sucursal. ¿Para qué querrá un extranjero una cuenta corriente?
Y es que los jóvenes brasileños obtienen sus peores resultados en los índices relacionados con la adquisición y uso de la información. La falta de cintura y flexibiliddad en negociaciones de todo tipo tiene algo que ver con eso. La incapacidad para argumentar, incorporando las aportaciones del interlocutor al debate, es lo que convierte cualquier conversación en un número indefinido de monólogos. La sinuosidad de la duda, el arte de la rectificación, la sutileza de la fuga, la victoria de la síntesis, es inútil buscarlas en el horizonte intelectual brasileño presente, y no parece que vayan a surgir en el futuro, al menos inmediato.
Además, conviene añadir que esos son los resultados del informe PISA, pero que hay un 20% de adolescentes brasileños que ya no forman parte de esa estadística, porque ingresaron en la todavía más desalentadora del abandono escolar, ahí por los quince años, más o menos. Esta es la demostración de que la pobreza no es una situación personal, sino social, porque analizada desde el punto de vista educativo, estamos ante la más formidable pescadilla mordiéndose la cola más gorda que pueda imaginarse: la desigualdad de oportunidades ocasiona y es generada por la desigualdad en el acceso a la educación. Por eso la reacción más generalizada fue la indiferencia, cuando el Ministerio presentó hace poco su Plan Nacional de Educación, repitiendo los mismos objetivos que el presentado hace diez años, que había sido perpetrado, prácticamente, por los mismos senadores que ahora vuelven a la carga sin molestarse en hacer referencia alguna a los objetivos no conseguidos por el Plan anterior.
No negaré que el mismo informe comentado aquí, suscitó en la prensa nacional bastante alborozo y hasta algunas alaracas oficiales: constataba que no se había retrocedido. Quizá por eso los sueldos de los profesores siguen siendo menos de la mitad que los de otros profesionales igualmente cualificados, las aulas siguen estando masificadas, las horas diarias lectivas siguen siendo entre 3 y 4, los días sin clase son también sin cuento... Y así seguirán las cosas, al menos hasta que se tomen las medidas imprescindibles para que Brasil no siga invirtiendo, por alumno de enseñanza media, un quinto de lo que invierten los demás países de la OCDE.
Por todo ello no se puede menos que convenir con los sectores más dinámicos de la sociedad brasileña, que critican abiertamente el conformismo de la administración en materia de objetivos educativos, en que hay en marcha un mecanismo perverso, que crea fuerza de trabajo sin cualificar para labores que serán pagadas con sueldos de miseria, mientras las élites, que lo mantendrán en funcionamiento, se educan en el exterior. Y esto es un défict de democracia y una falta de solidaridad peligrosa. Porque el país avanza a marchas forzadas hacia una situación en la que la preparación de sus cuadros profesionales se revela un arrma estratégica imprescindible parara competir con China, Rusia o India, por hablar solo de los nuevos tigres de la escena internacional.
Es posible que en Europa no se haya sabido reaccionar con la celeridad debida ante el fenómeno de la inmigración y los nuevos parámetros y valoraciones que aporta al fenómeno de la educación. En España todavía dudamos en algunos aspectos, vacilamos en otros y hasta parecemos desentendernos de la enseñanza pública, dejándola por imposible. Hacemos mal. Por crítico que sea el momento solo cabe apoyarla persiguiendo una igualdad de oportunidades siempre utópica, pero a la que, en determinados momentos de nuestra historia última, hemos sido capaces de aproximarnos en un esfuerzo que tenemos que sostener.
Y de todos modos, otra cuestión es cuánto resulta razonable preocuparse por estas cuestiones, porque el carnaval ya está a la vuelta de la esquina y como nos pongamos a examinar a los finlandeses de eso...
Fotografías de: Rosa Gauditano, Rogerio Reis y Milton Guran.
Algún atisbo de semejante situación había tenido yo en mi vida cotidiana, pero como también se encuentra lo contrario, pues ya no sabe uno a qué atenerse. La realidad es que en este espectacular despegue económmico del gigante sudamericcano, nada da a entender que el acceso mayoritario de la población a mejores niveles de renta vaya a producirse vía educación. O sea, que no se producirá.
Para esclarecer el asunto, nada como acudir a PISA el informe, no la ciudad, que tantos disgustos ocasiona también a nuestro líder en España. Es verdad que parece conveniente una cierta melancolía para alcanzar los primeros puestos en la clasificación por países, y sus niveles educativos, que elabora ese informe. Es verdad que en Finlandia o Corea todo parece invitar al estudio. Pero esta alegria brasilera que sitúa al país en el puesto 53º, sobre un total de 65 examinados, parece también excesiva en los tiempos que corren. Indonesios, mexicanos o turcos, todos ellos con rentas per cápita por debajo de la brasileña, les superan ampliamente en todas las variables medidas.
Por muy extranjero que uno sea, no es normal que la apertura de una cuenta en un banco brasileño pueda demorar tres meses. ...de continuas discusiones, conversaciones y contrastes de documentación y pareceres con un amplio espectro de empleados, a cual más sorprendido por eso mismo, porque a un extranjero se le ocurra abrir una cuenta precisamente en esa sucursal. ¿Para qué querrá un extranjero una cuenta corriente?
Y es que los jóvenes brasileños obtienen sus peores resultados en los índices relacionados con la adquisición y uso de la información. La falta de cintura y flexibiliddad en negociaciones de todo tipo tiene algo que ver con eso. La incapacidad para argumentar, incorporando las aportaciones del interlocutor al debate, es lo que convierte cualquier conversación en un número indefinido de monólogos. La sinuosidad de la duda, el arte de la rectificación, la sutileza de la fuga, la victoria de la síntesis, es inútil buscarlas en el horizonte intelectual brasileño presente, y no parece que vayan a surgir en el futuro, al menos inmediato.
Además, conviene añadir que esos son los resultados del informe PISA, pero que hay un 20% de adolescentes brasileños que ya no forman parte de esa estadística, porque ingresaron en la todavía más desalentadora del abandono escolar, ahí por los quince años, más o menos. Esta es la demostración de que la pobreza no es una situación personal, sino social, porque analizada desde el punto de vista educativo, estamos ante la más formidable pescadilla mordiéndose la cola más gorda que pueda imaginarse: la desigualdad de oportunidades ocasiona y es generada por la desigualdad en el acceso a la educación. Por eso la reacción más generalizada fue la indiferencia, cuando el Ministerio presentó hace poco su Plan Nacional de Educación, repitiendo los mismos objetivos que el presentado hace diez años, que había sido perpetrado, prácticamente, por los mismos senadores que ahora vuelven a la carga sin molestarse en hacer referencia alguna a los objetivos no conseguidos por el Plan anterior.
No negaré que el mismo informe comentado aquí, suscitó en la prensa nacional bastante alborozo y hasta algunas alaracas oficiales: constataba que no se había retrocedido. Quizá por eso los sueldos de los profesores siguen siendo menos de la mitad que los de otros profesionales igualmente cualificados, las aulas siguen estando masificadas, las horas diarias lectivas siguen siendo entre 3 y 4, los días sin clase son también sin cuento... Y así seguirán las cosas, al menos hasta que se tomen las medidas imprescindibles para que Brasil no siga invirtiendo, por alumno de enseñanza media, un quinto de lo que invierten los demás países de la OCDE.
Por todo ello no se puede menos que convenir con los sectores más dinámicos de la sociedad brasileña, que critican abiertamente el conformismo de la administración en materia de objetivos educativos, en que hay en marcha un mecanismo perverso, que crea fuerza de trabajo sin cualificar para labores que serán pagadas con sueldos de miseria, mientras las élites, que lo mantendrán en funcionamiento, se educan en el exterior. Y esto es un défict de democracia y una falta de solidaridad peligrosa. Porque el país avanza a marchas forzadas hacia una situación en la que la preparación de sus cuadros profesionales se revela un arrma estratégica imprescindible parara competir con China, Rusia o India, por hablar solo de los nuevos tigres de la escena internacional.
Es posible que en Europa no se haya sabido reaccionar con la celeridad debida ante el fenómeno de la inmigración y los nuevos parámetros y valoraciones que aporta al fenómeno de la educación. En España todavía dudamos en algunos aspectos, vacilamos en otros y hasta parecemos desentendernos de la enseñanza pública, dejándola por imposible. Hacemos mal. Por crítico que sea el momento solo cabe apoyarla persiguiendo una igualdad de oportunidades siempre utópica, pero a la que, en determinados momentos de nuestra historia última, hemos sido capaces de aproximarnos en un esfuerzo que tenemos que sostener.
Y de todos modos, otra cuestión es cuánto resulta razonable preocuparse por estas cuestiones, porque el carnaval ya está a la vuelta de la esquina y como nos pongamos a examinar a los finlandeses de eso...
Fotografías de: Rosa Gauditano, Rogerio Reis y Milton Guran.
domingo, 13 de febrero de 2011
Goteras en el paraíso: la pobreza.
Si uno ya tiene, de por sí, la tendencia a andar subiendo a los palacios y bajando a las cabañas, Brasil puede ser la más vertiginosa montaña rusa social del planeta. En una misma velada te encuentras con los magnates que juran que sí, que llegó la hora de Brasil porque, efectivamente, no hay otro país igual en el mundo... en el que puedan forrarse como en el suyo. Pero si llegaste en taxi a esa atalaya social, el conductor te puede haber relatado en el camino cómo, tras salir despedido por la crisis norteamericana, regresó a su Brasil natal para disfrutar de los años del despegue que prometió The Economist. Pero ya ha tenido que volver a poner en marcha el periscopio para ver adónde le puede llevar el deseo de una vida más previsible, que aporte una cierta garantía al futuro de sus hijos, que también le preocupa, lo que no es tan frecuente como ccreen por el gran sertón.
Dilma Roussef, que no sólo subió a palacios y bajó a cabañas, sino que también habita despachos tras frecuentar prisiones (transiciónes mucho más aleccionadoras, sin duda), sabe de eso, e inauguró su mandato comprometiéndose a erradicar la miseria del paraíso brasilero.
Para alcanzar tan noble objetivo, lo primero, claro, es reconocer su existencia, que la alegria natural del señor Lula mantuvo bajo siete llaves, llegando a hacer creer al propio Zapatero que la refundación verbal de la realidad bastaba para corregir la terquedad de los números.
Según la CEPAL (organismo de Naciones Unidas para el estudio de la economía en la zona) un tercio de la población de América Latina vive con menos de dos dólares por día. Brasil, excesivo en todo, aporta a esa estadística 50 millones de personas. Una de las principales economías del mundo no es capaz de ofrecer mejores condiciones de vida a su población. En las mismas Naciones Unidas, se fabrica el Índice de Desarrollo Humano, que no da muchas alegrias a este país, tan bendecido por dios como castigado por los hombres y a la espera de que lo salven las mujeres. Brasil ocupa el puesto 73, lejos de México (56) o de Perú (63). Para tranquiliddad de los irreductibles de Zapatero, informamos que España ocupa el puesto 20, lo que no está mal; oiga: Nueva Zalanda ocupa el 3 y ¿quién se quiere ir con los kiwis?
En España nos encanta mesarnos los cabellos y hacernos las víctimas ante conocidos y desconocidos, pero decidir quién es pobre y quién no, es una cuestión que trae de cabeza a la inteligente y enérgica señora Roussef. Ya no es solo cuestión de comer o no comer, también hay que considerar pobre a la persona que no accede a unas condiciones dignas de higiene, de transporte, de acceso a la educación, también al disfrute de su tiempo libre, a quien no dispone de un habitáculo decente, o de ropas adecuadas. Así que el concepto de pobreza no es privado, sino muy público. Ocupar un espacio digno, con acceso a servicios comunes que ayuden al ciudadano en la construcción de su dignidad personal, es labor del estado, y la presidenta quiere saber cuanto antes cuanto tiene que gastar en ese capítulo para cubrir las necesidades básicas de Brasil. Consciente de la resistencia que esa actitud va a provocar entre los poderes fácticos del país.
Porque las fortunas que jaleaban a Lula no están dispuestas a consentir ninguna aventura fiscal seria, de esas que terminan en una redistribución de la renta. El país ya está bendecido por dios; al que él se la dio, que Dilma se la conserve. Y así es muy difícil seguir adelante. Unas 5.000 familias controlan la mitad de la riqueza nacional. Tras una ligera investigación personal, sin ánimo ni rigor estadístico alguno,he comprobado que ninguna de esas familias se manifiesta partidaria de repartir su renta ni siquiera con los trabajadores que la hacen posible. Ya con los desheredados de la tierra, ni se cuestiona. Porque, como en otros muchos sitios, si el objetivo es hacer dinero, el camino más corto, en Brasil, no es trabajar.
A quienes éramos demasiado ignorantes para valorar en su justa medida los Pactos de la Moncloa, o a quiénes, estando hartos de Zapatero, nos pasó por alto la importancia del logro que supone solucionar el problema de las pensiones, puedo adelantar en primicia, que la señóra Roussef no duerme, pensando en su desafío: generar un diálogo nacional capaz de establecer un pacto político que comprometa a todos los sectores de la sociedad brasileña en un nuevo impulso capaz de erradicar la pobreza.
Un país que tiene prácticamente garantizada la paz, sin ningún problema de segregación territorial ni conflictos con sus vecinos, de una cohesión cultural, en torno a su lengua, sin fisuras, tiene que ser capaz de promover la solidaridad que universalice servicios públicos de calidad. Para eso se requiere una inversión pública que extienda la red de alcantarillado y mejore la salud de tantas comunidades en las que el dengue, por ejemplo, ni es noticia; que mejore el transporte público (en Sao Paulo, ir de "móstoles" al "centro" puede tardar dos horas ¡y costar el doble de lo que cobran los cercanías madrileños!); lo mismo en la educación, insistimos mucho en la salud y también en ese aglutinador social que es la cultura, con una misión histórica en este país, que puede romper moldes en otros. Porque mienttras Europa debate sin descanso el ocioso tema de las industrias creativas, aquí se crean redes de producción y distribución musical que desafían cualquier procedimiento establecidoo hasta la fecha.
En el siglo XIX la historia repetía en comedia lo que había sido tragedia. En el XXI ha cambiado algo, la historia se repite manteniendo los tonos, solo que cobrando un 10 o un 15% más . De aquellos españoles, que descubrían Prada como otra de las bellas artes y accedían a ese nivel simbólico cobrando millonadas por tortillas de patata deconstruidas, o por sillas horrorosamente tapizadas, o por cualquier otra futesa; a estos brasileños, que se afanan en las mismas bajas pasiones, con los precios ligeramentte más altos, no han transcurrido los años siuficientes para extraer enseñanzas y aprendizajes. Solo se repiten los errores.
Pero Europa tiene un suelo, bien que nos revolcamos en él; en Brasil la caída puede ser, ya lo fue antes, simplemente libre. Las circunstancias climáticas añaden amenazas, como vimos muy recientemente. La obsesión por el etanol desvía el maíz de la alimentación a la producción de energía. La comida sube todos los días, el descubrimiento que las clases casi medias han hecho de los valores energéticos de la carne, está poniendo el picadillo a precio de solomillo de buey de Kobe.
Intentando escapar a la demagogia fácil y al sermón social blando, una sociedad que genera estos extremos de bienvivir y desgracia, no es una sociedad exitosa. Puede ser una sociedad plenamente integrada con la naturaleza que la rodea, en mimesis perfecta con ella y desarrollando sus principios filosóficos más extendidos, tipo "el que venga detrás que arree". Pero no es la sociedad que, por humana, ha de estar impregnada de valores humanistas. Tan simple como intentar evitar la explotación de los unos por los otros, o al menos paliar sus efectos. De verdad que el mundo está como para echarse de vez en cuando a la calle y protestar, y estoy convencido de que ni el matrimonio gay ni la disolución de la familia española son fenómenos que estén amenazando su continuidad. A ver si dirijimos el foco hacia lo importante de una vez.
Imágenes de Claudia Jaguaribe, brillante fotógrafa y mujer brasileña.
Dilma Roussef, que no sólo subió a palacios y bajó a cabañas, sino que también habita despachos tras frecuentar prisiones (transiciónes mucho más aleccionadoras, sin duda), sabe de eso, e inauguró su mandato comprometiéndose a erradicar la miseria del paraíso brasilero.
Para alcanzar tan noble objetivo, lo primero, claro, es reconocer su existencia, que la alegria natural del señor Lula mantuvo bajo siete llaves, llegando a hacer creer al propio Zapatero que la refundación verbal de la realidad bastaba para corregir la terquedad de los números.
Según la CEPAL (organismo de Naciones Unidas para el estudio de la economía en la zona) un tercio de la población de América Latina vive con menos de dos dólares por día. Brasil, excesivo en todo, aporta a esa estadística 50 millones de personas. Una de las principales economías del mundo no es capaz de ofrecer mejores condiciones de vida a su población. En las mismas Naciones Unidas, se fabrica el Índice de Desarrollo Humano, que no da muchas alegrias a este país, tan bendecido por dios como castigado por los hombres y a la espera de que lo salven las mujeres. Brasil ocupa el puesto 73, lejos de México (56) o de Perú (63). Para tranquiliddad de los irreductibles de Zapatero, informamos que España ocupa el puesto 20, lo que no está mal; oiga: Nueva Zalanda ocupa el 3 y ¿quién se quiere ir con los kiwis?
En España nos encanta mesarnos los cabellos y hacernos las víctimas ante conocidos y desconocidos, pero decidir quién es pobre y quién no, es una cuestión que trae de cabeza a la inteligente y enérgica señora Roussef. Ya no es solo cuestión de comer o no comer, también hay que considerar pobre a la persona que no accede a unas condiciones dignas de higiene, de transporte, de acceso a la educación, también al disfrute de su tiempo libre, a quien no dispone de un habitáculo decente, o de ropas adecuadas. Así que el concepto de pobreza no es privado, sino muy público. Ocupar un espacio digno, con acceso a servicios comunes que ayuden al ciudadano en la construcción de su dignidad personal, es labor del estado, y la presidenta quiere saber cuanto antes cuanto tiene que gastar en ese capítulo para cubrir las necesidades básicas de Brasil. Consciente de la resistencia que esa actitud va a provocar entre los poderes fácticos del país.
Porque las fortunas que jaleaban a Lula no están dispuestas a consentir ninguna aventura fiscal seria, de esas que terminan en una redistribución de la renta. El país ya está bendecido por dios; al que él se la dio, que Dilma se la conserve. Y así es muy difícil seguir adelante. Unas 5.000 familias controlan la mitad de la riqueza nacional. Tras una ligera investigación personal, sin ánimo ni rigor estadístico alguno,he comprobado que ninguna de esas familias se manifiesta partidaria de repartir su renta ni siquiera con los trabajadores que la hacen posible. Ya con los desheredados de la tierra, ni se cuestiona. Porque, como en otros muchos sitios, si el objetivo es hacer dinero, el camino más corto, en Brasil, no es trabajar.
A quienes éramos demasiado ignorantes para valorar en su justa medida los Pactos de la Moncloa, o a quiénes, estando hartos de Zapatero, nos pasó por alto la importancia del logro que supone solucionar el problema de las pensiones, puedo adelantar en primicia, que la señóra Roussef no duerme, pensando en su desafío: generar un diálogo nacional capaz de establecer un pacto político que comprometa a todos los sectores de la sociedad brasileña en un nuevo impulso capaz de erradicar la pobreza.
Un país que tiene prácticamente garantizada la paz, sin ningún problema de segregación territorial ni conflictos con sus vecinos, de una cohesión cultural, en torno a su lengua, sin fisuras, tiene que ser capaz de promover la solidaridad que universalice servicios públicos de calidad. Para eso se requiere una inversión pública que extienda la red de alcantarillado y mejore la salud de tantas comunidades en las que el dengue, por ejemplo, ni es noticia; que mejore el transporte público (en Sao Paulo, ir de "móstoles" al "centro" puede tardar dos horas ¡y costar el doble de lo que cobran los cercanías madrileños!); lo mismo en la educación, insistimos mucho en la salud y también en ese aglutinador social que es la cultura, con una misión histórica en este país, que puede romper moldes en otros. Porque mienttras Europa debate sin descanso el ocioso tema de las industrias creativas, aquí se crean redes de producción y distribución musical que desafían cualquier procedimiento establecidoo hasta la fecha.
En el siglo XIX la historia repetía en comedia lo que había sido tragedia. En el XXI ha cambiado algo, la historia se repite manteniendo los tonos, solo que cobrando un 10 o un 15% más . De aquellos españoles, que descubrían Prada como otra de las bellas artes y accedían a ese nivel simbólico cobrando millonadas por tortillas de patata deconstruidas, o por sillas horrorosamente tapizadas, o por cualquier otra futesa; a estos brasileños, que se afanan en las mismas bajas pasiones, con los precios ligeramentte más altos, no han transcurrido los años siuficientes para extraer enseñanzas y aprendizajes. Solo se repiten los errores.
Pero Europa tiene un suelo, bien que nos revolcamos en él; en Brasil la caída puede ser, ya lo fue antes, simplemente libre. Las circunstancias climáticas añaden amenazas, como vimos muy recientemente. La obsesión por el etanol desvía el maíz de la alimentación a la producción de energía. La comida sube todos los días, el descubrimiento que las clases casi medias han hecho de los valores energéticos de la carne, está poniendo el picadillo a precio de solomillo de buey de Kobe.
Intentando escapar a la demagogia fácil y al sermón social blando, una sociedad que genera estos extremos de bienvivir y desgracia, no es una sociedad exitosa. Puede ser una sociedad plenamente integrada con la naturaleza que la rodea, en mimesis perfecta con ella y desarrollando sus principios filosóficos más extendidos, tipo "el que venga detrás que arree". Pero no es la sociedad que, por humana, ha de estar impregnada de valores humanistas. Tan simple como intentar evitar la explotación de los unos por los otros, o al menos paliar sus efectos. De verdad que el mundo está como para echarse de vez en cuando a la calle y protestar, y estoy convencido de que ni el matrimonio gay ni la disolución de la familia española son fenómenos que estén amenazando su continuidad. A ver si dirijimos el foco hacia lo importante de una vez.
Imágenes de Claudia Jaguaribe, brillante fotógrafa y mujer brasileña.
jueves, 10 de febrero de 2011
"El País" (¿quién si no?) nos trae "la modernez"
![]() |
| ¿Xavi Sancho? |
Amarrado al duro banco de cualquier galerada prisesca debería quedar, por tiempo indefinido , un tal Xavi Sancho que, sin muestras de pudor ni arrepentimiento alguno, firma la impagable pieza "Catedráticos de la 'modernez'" (totalmente sic ), en el diario de referencia, de fecha 08/02/2011 (no me queda paciencia para buscar el link).
Como los malos escritores son los más fieles portavoces de las miserias de una época (léase si no cualquier cosita de Pérez Reverte, por no andar indagando mucho); así este periodista, becario o consolidado, senior o junior, estrella o estrellado (que en todos esos niveles encajaría con soltura nuestro comunicador), refleja lo peor de una información cultural tan deficiente en nuestro país, que es incapaz de generar un debate público, vocaciones, correcciones a la oficialidad, orientaciones al sector privado... nada. Una crítica cultural de vuelo gallináceo, que solo alcanza a escarbar en la biblia neoyorquina para encontrar las migajas de gracia de quien nunca la tuvo, porque de las muchas cualidades que animan todos los días las páginas del Times, la gracia tontona y enrrollada como guiño a la tribu tontona y enrrollada, no es la principal ni mucho menos.
¿Porqué ocuparse de algo tan intrascendente? Como diría Cristiano Ronaldo, luz y espejo de la juventud, porque hay niños y necesitan ejemplos. Y porque ya está bien de que todo valga. El autor del artículo que comentamos toma la benemérita publicación n+1 (lo que ya le otorga un aire de enterao que parece hacerlo feliz) como referencia para llenar las líneas que le han pedido. Y, a través de ella, plantea los estudios que se están realizando sobre "la realidad de los modernos". Lo que parece ser increíblemente polémico: "... se editó un libro que trata sobre el asunto, What was the hipster", y, por favor, apunten todo esto para sustancia de sus conversaciones presentes y futuras, " eso no hizo sino extender la polémica de convertir en objeto de estudio la realidad de los modernos, once años atrás asociados por inercia con las subculturas juveniles, hoy ya casi convertidos en una casta cuyos orígenes parecen hallarse en el triunfo del neoliberalismo".
Tomen aire y ayúdenme a entender algo. Once años atrás comenzábamos el 2.000 y yo estaba en la lejana y oriental Manila; solo así resulta explicable que no me enterara de que, al ser moderno, formaba parte de la subcultura juvenil (a mi edad). Pero he preguntado a quienes permanecieron en Occidente y tampoco tienen noticia de esa extraña trasmutación que llevó a los modernos a transformarse en subcultura juvenil, momentos antes de convertirse en "casi" casta, gracias al triunfo del neoliberaliismo. Solo ahora consigo entender la trayectoria profesional y vital de Rodrigo Rato.
Aparte ese hallazgo, que, la verdad, ya intuía, he sabido que "una de la peculiaridades del libro" radica en ser "la transcripción del evento que precede a una serie de ensayos más o menos sesudos sobre el tema: desde las pugnas entre judíos ortodoxos y modernos en Brooklyn por la implantación de carriles bici hasta el diluido papel de la mujer en este universo".
Hay, efectivamente, un libro de pormedio. Y los lectores habituales de El País seguramente han adivinado que ese libro está próximo a publicarse en traducción al español (esperemos que no perpetrada por el propio Xavi). De hecho, es la portavoz de la editorial, Ana Pareja, la que da la puntilla al neonato afirmando que "puede llevarte a analizar con seriedad algo que a primera vista es absolutamente frívolo". O sea, la modernidad, ¿frívola?, pero ¿qué editorial es esa? Se lo digo: Alpha Decay (de verdad, sic).
A mi lo único que se me ocurre para explicar este disparate es que Ana y Xavi sean novios. Solo así entendería que un diario de prestigio se prestara a operaciones publicitarias tan soeces y, si me aseguran que lo suyo va en serio, hasta lo aceptaría.Que ambos formaran parte de un comando literario de Muchachada Nui también tendría su lógica, aunque seguiría sin tener gracia.
No siendo así, no puedo sino lamentar la deriva de ese periódico con el que todos aprendimos tanto y que tan caro nos lo está cobrando. Asumiendo que haya otros de los que ni hablemos, El País ha entrado en la patética -y vana- ilusión de continuar captando la atención de las sucesivas generaciones de españoles, para la cultura más cosmopolita. De ahí la audacia sin fin de Xavi, los melancólicos esfuerzos por imitar a Rolling Stone del otrora gran Manrique, o los pedos de monja de Boyero. Dejando a Juan Cruz pastorear la tercera edad que aún se mantiene fiel. Porque muchos nos estamos yendo, es verdad que al fútbol, pero nos estamos yendo. Y los jóvenes hace ya mucho que pasaron.
El clientelismo, la autopromoción, el amiguismo, la falta de pensamiento y objetivos, la pérdida de identidad... están creando un periodismo cultural sin sentido, en el que nadie cree, tras descubrir una y otra vez que solo encierra promociones de "los nuestros", o consignas "de los de arriba". La obsesión de trasponer al mundo de la cultura los usos y prácticas, que convierten en populares objetos o servicios de cualquier otra índole, no está ampliando su público, solo enajena a los que decidimos permanecer en ella pase lo que pase. Tanta exposición aplaudida por decreto, tanta película encumbrada por dinero, las instituciones culturales con bula para derrochar porque hay críticos en nómina, los libros que solo duran el tiempo de la promoción, los escritores con pasaporte de salvapatrias...y otros engaños a los ojos y a los corazones del siglo (con las inteligencias no pueden) están llevando a una profunda indiferencia por la cultura, casi tan olímpica como la que empezamos a sentir por la política. En España siguen demasiado enredadas.
lunes, 7 de febrero de 2011
A foggy day in London Town...
![]() |
| Artemisia Gentileschi |
![]() |
| Andrés Serrano |
Lo han adivinado: los museos están en crisis. Como si alguien pudiera recordar un momento en el que no lo hayan estado. Yo llevo algunos años viviendo (de) sus crisis, más o menos cerca, y no me parece para tanto. Pero el estado no cumple, regatea sus presupuestos; y las empresas, corporaciones o fundaciones, los dejan a una intemperie en la que no consiguen atraer a las masas que, hace poco, henchían de orgullo las cifras que sus directores gustaban de comunicar, con obsesiva machaconería. Ahora que la crisis de verdad, la ominosa, les ha comido las colas, no saben cómo explicar que necesitan dinero para cumplir su irrenunciable misión: seguir atrayendo a esas masas que, por otra parte, tampoco solucionan sus problemas. Y así hasta la próxima generación.
Arbitristas no faltan aportando soluciones de todo tipo. Entre los más imaginativos, Alain de Botton, que ve la salvación de los museos en imitar a las iglesias (¿a cuáles?, me pregunto yo, porque tampoco es que les sobre público, o ¿me estoy perdiendo algo?). Sí, los museos deberían asumir su destino natural, que no es otro que servir al enrriquecimiento de nuestras almas y, en general, a nuestra mejora como personas.. Porque el arte pierde sus más profundos significados cuando se muestra al público con esa frigidez académica o, mucho peor, con esa sensualidad sin contenido. El museo no está vinculando los objetos que exhibe a las necesidades de sus visitantes, por eso dejamos de frecuentarlos. Y la BBC airea estas cosas con la mejor intención, digo yo.
Tampoco faltan estrategias para mejorar los balances de los museos. Algunas de las que adoptan los europeos escandalizan a los americanos. El New York Times se sonrroja al informar sobre la publicidad que cubre la venerable pared del Musée D´Orsay, con una anuncio de Chanel. Pero el museo ya tiene su portavoz para defender ese bonito frasco que, entre otras cosas, se mueve con el viento (qué no inventarán...). Además, Amélie Hardivillier muestra claramente la maginot de la grandeur: "...rechazamos la botella de cocacola", tranquiliza a sus clientes (a los de cocacola). ¿Será cosa de Carla Bruni, esta política cultural? Porque el hijo de Miterrand no le hacía ascos a nada...
Los (buenos) museos tienen muchas formas de financiarse. Siempre han alquilado obras a otros y lo seguirán haciendo. Parece que hacerlo en Dubai despierta lo peor de nuestra xenofobia cultural y altera la percepción del propio préstamo, por rentable que sea. Pero si tenemos que alquilar a Pep Guardiola a Qatar, no sé, a mi, ahora, me hace mucha más falta que La vieja friendo huevos, de la que temporalmente me atrevería a prescindir, sin que Velázquez se vaya a remover en su tumba, creo.
Lo que me resulta mucho más difícil de aceptar son las nuevas tendencias de estos templos de la humanidad, en su voluntad de sorprender y servir a la sociedad moderna. Cuando yo vivía en Chicago, su Museo de Arte Contemporáneo dio en la sandez de celebrar los jueves una "noche de los solteros" (ejemplo que he visto cundir, con ligeras variantes, por todo el mundo). Yo, que en aquella época no lo estaba, me colaba por si pillaba algo. Y no lo recomiendo. Besar a alguien, que acabas de conocer, delante de un pollock te revuelve las tripas, y tu libido puede descender, hasta lo irrecuperable, si te encuentras con alguien que te gusta delante de una foto del, por otra parte, extraordinario Andres Serrano, por ejemplo. (Eso me pasó...)
Los (buenos) museos saben muy bien qué es lo que tienen que hacer. Los que conservan colecciones importantes para la comunidad, cuidar de ellas, aumentar la reflexión y el saber que generan y transmitir todo ello a la sociedad en las mejores condiciones posibles. Lo que no incluye necesariamente ni puertas de Iglesias (Cristina), ni proas de Nouvelle, ni alas de Calatrava, ni tantas otras ornamentaciones y fantasías, con las que arquitectos sin mucho sentido ni escrúpulo, han desafiado al contenido que parecían tratar de optimizar.
Desde la reflexión, el museo inspira a las generaciones actuales y les permite avanzar a hombros de gigantes en el apasionante mundo de la creatividad y el sentido humanos. Para lo que no se necesita vender corbatas. Ni tampoco caer en la fascinación de las masas, a la que han sucumbido todos los directores que ahora son algo y nunca fueron nada.
La gente, al fútbol, que para eso es tan entretenido; y el que tenga que ir al museo que encuentre en él lo que busca, que para eso no va a necesitar de millonarias campañas de márketing, de ruinosos estudios de público y patéticos planes de explotación.
Eso, los buenos; y los malos, que los cierren, que total...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

















