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sábado, 26 de febrero de 2011

"Información, espacio, control"

Tomo el  título prestado de la  brillante exposición que Muntadas ha presentado hoy en Sao Paulo. Es una exposición bien grande, con cinco  trabajos del  artista, que abarcan un arco vital tan significativo en su obra como el  que va de 1989 a la actualidad. On subjectivity y On Translation ya los conocía, de Estadios había oído hablar y me ha asombrado Alphaville ,  un  trabajo  tan sutil como torrencial sobre ese barrio de Sao Paulo, que agrupa un sinfin de promociones inmobiliarias bajo el signo y fórmula del condominio. Lo que da lugar a la extraordinaria reflexión del autor sobre la seguridad, el  orden y el  poder.

La exposición se muestra en las salas de la Estación Pinacoteca, bellísima extensión de la Pinacoteca del  Estado de Sao Paulo, una institución bastante ejemplar, para donde está (www.pinacoteca.org.br). Que, a su vez, presenta en estos mismos momentos Teoria, bella reflexión formal de Ignasio Aballi. Son dos proyectos muy diferentes: el  de Aballi creado especialmente para el espacio que lo alberga; el de Muntadas, la justa culminación de una trayectoria de más de quince años  en los que  ha trabajado por aquí, mezclando, con saber y arte, su cuestionamiento de los medios de comunicación con las claves de una sociedad compleja como la  brasileña. Los dos, eso sí, los financia nuestra Sociedad Estatal de Accíón Cultural. No es barato lo de Aballi, pero lo de Muntadas deja a cualquier calculadora echando humo.

Y el próximo jueves, el  Instituto Cervantes de la ciudad abre su exposición, Colección Fundación Coca-cola: 10 años de fotografía española , aunque también incluye vídeo. Santiago Sierra, Lara Almárcegui, Chema Alvargonzález... muy bonita exposición. Aquí es una colecciónn privada la  que se exhibe en un espacio público y no se puede disimular la generosiddad con que la Fundación Coca-Cola ha afrontado el  proyecto. Es bueno confesar que yo mismo lo he estado  desarrollando, por lo que pueda venir a partir de ahora.

Pues no acaba ahí la cosa. Porque ese mismo Instituto Cervantes (www.spcervantes2011.info ) presenta, junto con la  Fundación Arquitectura Viva, de Córdoba, a Antonio Cruz y a Paulo Mendes da Rocha, en un diálogo  cruzado entre la Universidad de Sao Paulo y  el propio Instituto Cervantes. Y  para que nada quede sin reseñar, también se presenta en la siempre  chocante capital brasileña, Millessimes , una muestra gastronómica con los primeros cucharas de nuestro panorama gastronómico.

Si el diario El País se hubiera enterado de todo esto, pueden imaginar los titulares. "Sao Paulo, abierta de piernas a la  penetraciónn del  arte español" (EP3); "Sao Paulo se rinde al arte español" (en el  diario); y "El esplendor y hondura del conceptualismo  español se exhiben en Sao Paulo" (Babelia). Felizmente, su último  becario salió de Brasil sin caer a la cuenta de ello. Y es que, para detectar "El (lento) avance del español en Brasil", le bastó dar una vuelta por un par de ciudades del litoral, sin considerar que la  grande Sao Paulo, con sus 30 millones de habitantes y centro económico y financiero de Latinoamérica, signifique gran cosa en el contexto brasileño. Así le quedó la pieza, publicada hace un par de días...

A lo que voy, que a ver si aflojamos con ese nacionalismo tontorrón que convierte cualquier acción de empresarios, futbolistas, artistas o cocineros, en heroicas conquistas e inigualables hazañas, siempre en la porfía de rendiciones incondicionales y éxitos sin precedentes. Que Muntadas, Aballi y todos los demás, no llegaron a dominar espacios expositivos tan importantes tras la prueba de ADN que los revelara como legítimos descendientes del imperio. La universalidad del lenguaje que logran nuestros artistas (los que la logran), se forja en la  tradición y, también, en el cosmopolitismo de su visión, en la ambición de sus preocupaciones y en su conexión con la  inquietud que recorre el planeta. La universalidad del idioma que nos une, también se alcanza por la misma vía: la conexión de tantos millones de hispanohablantes en una variedad de intereses que  va de los económicos a los culturales, políticos y sociales.

Reclamar el cese de un nacionalismo de suplemento dominical, no es incompatible con una llamada de atención sobre la importancia del control de la información, en el espacio de referencia,  que  hay que ejercer para alcanzar una mejor difusión de nuestras acciones y de las manifestaciones de nuestros artistas. Porque si los empleados de una institución española de cualquier ciudad del mundo, se enteran de lo que hace otra institución española en la misma ciudad, por la invitación de la instancia que acoge a ambas, pues no alcanzaremos nunca la optimización de la inversión que estamos obligados a ofrecer al contribuyente, ni la promoción que debemos a nuestros creadores.

La confluencia de acciones y acontecimientos descrita en Sao Paulo, para esta semana, no obedece a ningún plan predeterminado por todas esas instituciones que se dedican a la  promoción de la cultura española: ha ocurrido. Las posibilidades de rentabilizar la riqueza de imagen desalojada por acciones tan brillantes, no se le ocultarían a un francés, pero nosotros, mejor cada uno a lo suyo, y si a alguien se le ocurre plantear una coordinación que atraiga hacia los proyectos públicos la financiaciónn privada, pues a por él: ¿qué se habrá creído?, ¿qué pretenderá con eso?.

 

miércoles, 23 de febrero de 2011

¡Ya tenemos plan!

Sí, un plan de medidas de apoyo al  sector del  arte. Y, de verdad, como consigamos arreglarlo, ¿qué crisis se nos  resistirá? Con toda probabilidad, ninguna. Serán las demás  naciones las  que acudan a la nuestra en busca de ese bálsamo de Fierabrás que nos  ha de colocar a la  cabeza del mundo civilizado.

Como las grandes creaciones de la humanidad, el plan no tiene autor conocido, lo han urdido "diversas asociaciones", según recoge toda la prensa nacional, con el natural alborozo. Y  es que no  era  otra cosa lo que necesitábamos los españoles que un plan para salvar  el arte (a veces añaden,  y la  cultura). Vienen a ratificar, esas asociaciones, que en España se crea todo  lo que haga falta, pero,  como la administración no mueve un dedo, todo se queda en los almacenes de los  galeristas, y no están los  tiempos para dejar el buen paño en el  arca. Quieren que se exporte, que se promueva internacionalmente eso, la creatividad, el arte español,  que  si no  es  más  demandado es porque no es mejor conocido. Ni necesitamos preguntar por ahí cómo anda esa esquiva demanda; con potenciar la oferta, mediante el dinero público, es suficiente para obrar el milagro y empapelar Manhattan con cuadros y fotos de artistas españoles.

Esas "asociaciones" tan preocupadas por al  arte, mucho menos  por el destino y rendimiento del  dinero  de los contribuyentes, reclaman terminar ya con los  recortes a los presupuestos  de cultura que andan las administraciones asestando  a diestro  y sinniestro. Ya los fabricantes de coches abrieron camino y ¡mira que lo  intentan los apaleados promotores inmobiliarios! Los promotores culturales no iban a ser menos.

Quieren eso,  y un IVA cultural a  la medida,  aumentar las desgravaciones por inversiones o compras culturales, o sea, cuadros. Y se reclaman, con toda razón, de los cineastas que, con ceja o sin ella, han conseguido la cuadratura del  círculo: que una vez creado  un producto, cultural, desde luego, no haya que molestarse ni en hacerlo llegar al público, no sea que en la distribución se pierda el dinero  ganado con la subvención. Y ya ven las inigualables  cotas de excelencia en las que raya nuestro cine.

Una ley de patrocinio a la  altura de los  tiempos es imprescindible,  lo del  IVA dudoso, pero  negociable. El aumento  de las  subvenciones, no. Durante los tiempos de bonanza ha habido  galerías, de trayectoria y estrategia ejemplares, que han creado  clientela, fomentado la necesidad en ella y, en suma, garantizado su futuro. Pero  no han sido menos, sino más, las que, amparadas en la bonanza económica, han vendido  sin escrúpulo obras cualesquiera a cualesquiera precios que algún incauto  pagaba. De ahí la decepción, y el cabreo, oiga, el cabreo, cuando uno descubre que por la superfoto de 7.000€ no  hay quién dé 1.000. Probablementte no  hay quién dé nada, y ese es el mercado del  arte que se ha fomentado con la mayor inconsciencia. Ahora que venga el estado a  recomponer haciendas y reputaciones.

¿No  han  aprovechado  bastante el oportunismo, dicen que político; la garrulería,  admiten que generalizada, de nuestros concejales, diputados, consejeros  y otras especies igualmente depredadoras que pueblan el ecosistema cultura? No: porque no les pagan. Tanto  centro de arte, tanto museo  en cada pueblo... las galerías viajaban en camión del  uno al otro confín patrio y colocaban la mercancía; el director de turno, apoyado por el  consejero del ramo, que ya pagará. Y que no paga:  pues a por el moroso, pero midamos  bien lo  que sale de las  arcas públicas, que ya sabemos cuanto  cuesta llenarlas.

Lógicamente, ninguna de estas "asociaciones" que tanto urgen a la sociedad a velar por  sus intereses, piensa someterse a plebiscito popular alguno, ni en Murcia (donde ganarían de calle, a la vista de la  insaciable sed de arte que asuela la huerta).Tampoco parece que vayan a integrase en alguna candidatura con particular atención a la cosa cultural. Ni nada por el  estilo. No, sin contrastar con los ciudadanos, ellos van directamente a la  cabeza y quieren que sean los políticos los que les saquen las  castañas del  fuego (quizá porque detectan en ellos una cierta poroclividad al espectáculo muy en sintonía con el  arte actual).

Y  no deja de haber una cierta presunción en esa manera de erigirse en portavoces sociales, para reclamar que se les desvíen más fondos. Y además con "buenas prácticas": o sea, quítate tú pa ponerme yo. Porque al medrar llaman, ahora, "buenas prácticas", amigo Malraux. Y así reaccionan los que ya tienen sillón, preguntados al  respecto del plan: "tendría que ver el contenido", "no sé", "lo estudiaré", "algo  habrá qué hacer..." y otras opiniones contundentes que van desgranando por donde pasan Borja Villell o José Guirao o Consuelo Císcar que, como mujer, tiene las cosas mucho más claras: a ella que le den más dinero y ya está.

Poco  creible, pero  enternecedora, la llamada final de esas "asocioaciones" a la  reforma educativa:  los quieren tiernos; y  me imagino  yo  a  pandis enteras por las galerías, como por la calle Fuencarral,  desordenándolo todo y eligiendo  grabados  para quiénes pasaron la selectividad con buena nota, de lo cultos que serán ,  y lo bien educados  en el  apoyo a las  artes que estarán.

Pues no  crean que nada de esto  cayó en saco roto. Antes incluso de lo que ellos mismos  imaginaron, ya ha surgido en Washingtong la primera iniciativa de apoyo a las artes y la cultura españolas por parte de la  Embaja en la capital USA: Spanish Arts & Culture. Por si había pocas instituciones españolas compitiendo entre sí por no se sabe qué, ahora llega la embajada y abre plan. Ya veía yo  una esperanzadora  concentración de materia gris a orillas del Potomac: la Infanta Cristina, vive allá (con los hijos ya criados y mucho tiempo libre), y también fue de Consejero Cultural de la Embajada, Guillermo Corral, que no es cualquier cosa este apóstol de las industrias culturales, de las que, con todo, no nos  transmitió otra noticia que su pretendida articulación desde una dirección general hecha a su medida por aquel señor Molina, el poeta.

Pues ya tenemos plan, varios, y  pónganse de acuerdo, porque gastar se gasta, demasiado. Otra cosa es que alguien establezca objetivos para ese gasto, mucho menos estrategias acordes y, ¡por favor!, que somos cultos, no me hablen de evaluación de resultados. 

domingo, 20 de febrero de 2011

Febrero en Madrid

¿Arco o Cibeles?
¿Cibeles o Arco?
Siempre fue el mes que más me gustó del  año en la capital. Los  cielos esos de Velázquez ocurren (a veces, y no solo, pero también...) ahora, los membrillos fríos de Antonio López también se pueden buscar ahora. Pero lo  mejor sigue siendo, sin duda, las ganas de echarse a la  calle que siempre caracterizan al madrileño, que no  aguanta más, desde las ya lejanas navidades, sin merodear por terrazas, calles y plazas.

Y por Arco, otro de los regalos de febrerillo, el  loco. Arco: ese rompeolas de opiniones sobre arte, en el  que todos tenemos derecho a dejar nuestra impronta; los quince minutos de celebridad al  año para cualquier enterao que se precie y quiera discutir con un galerista (nada menos); la impagable sensación de compartir, y hasta controlar (en tremendo monopoly),  las claves del  mercado del arte. Pero el  grande, el verdadero, el regalo  que Arco hace a las masas, y estas raramente saben corresponder, es el  ascenso en la escala social. Y un día cualquiera de febrero, sin saber muy bien porqué, se encuentra uno dentro  de una burbuja, un poco claustrofóbica tal vez, pero ¿a quién le  importa?, una burbuja nada especulativa, sino de las de verdad, creada por algún eximio artista para alguna generosa marca de cualquier bebida cara; y tú ahí, rozándote, si se tercia, con la  baronesa Thysen, generosa en todo, y también en las formas y contornos que la delimitan. Porque a la que no rozas ni de broma es a Leticia, qué flaca esta esa chica, por dios.

Yo  mismo: empecé pagándome la entrada, por ir, porque todo el mundo iba;  y  tardé años en enterarme de que, además, había gente que compraba cuadros,  o  fotos,  o  cualquier otra cosa. Ahí me puse como fundamentalista: ¿qué hacía yo, que no  tenía la  mínima intención de comprar nada, en una feria? También puedo estar interesado en los viajes y no me paso  tres días recogiendo folletos en Fitur, por no  hablar de Iberjoya, donde seguro que exponen unas cosas estupendas.

Craso error: estuve a punto de frenar, y desde luego comprometí seriamente, mi ascenso social. Y muy poco después ya no pagaba la entrada, visitaba la  feria rodeado  de magantes, me emborrachaba gratis y, sí, también: incluso llegué  a ligar. Ya en la etapa final  de mi exitosa fusión con el  arte contemporáneo, ni siquiera necesitaba ir al  recinto ferial  para disfrutar de él y hacer todas esas cosas: me bastaba con hartarme de copas en el  Cock: Y eso sí que es arte.

Lo que  después de treinta años no  ha conseguido  Arco es que las galeristas rejuvenezcan, que los  artistas se arreglen un poco, que los coleccionistas adelgacen. Porque al lado, y a la vez, se celebra la pasarela Cibeles, y no hay color. Así que, en cuanto termine la  conjura de los periodistas y Leticia se/nos confiese que le apetece mucho más la movida del  pabellón de al  lado, Arco se va a quedar solo con sus compradores y nos  vamos a ir yendo  todos hacia Cibeles, aunque no den tanto de beber.

Muy importante la conjura mediática: allá se van los becarios a  sentar reales tres días, sin parar de comentar. Así que si  tienes la  santa prudencia de quedarte en casa leyendo los periódicos, pudieras llegar a cultivar la  impresión de que el  futuro del  arte y la  cultura contemporáneos, se juega precisamente en ese pabellón del Ifema de Madrid, mientras tú te repantingas en tu casa. Los medios chequean la salud del  "sistema arte" por ti, le aplican cataplasmas,  comentan el efecto de las mismas, se le dan electroshocks; todo para mantener a no se sabe quién informado de no se sabe qué. Cualquiera  comenta los solo-projects, como si no se dedicara a otra cosa, o  se desilusiona con los projects-rooms, se abomina de lo electrónico, o se echan a faltar las performances. Y  los pobres galeristas que no saben qué salida dar al género.

Todos los años lo  mismo: comenzamos con malas expectativas, la  crisis causa temor; para tres días después respirar aliviados, celebrando que el  arte goza de buena salud y las ventas no  se han visto afectadas por esa crisis tan ordinaria que aquí no tiene fuero, hasta ahí podíamos llegar: ¡le  van a decir a la baronesa que su colección vale ochocientos mil millones menos!. Y sí, respiramos aliviados como si nos correspondiera algún porcentaje de esas ventas por ser contribuyentes, o por cualquier otra audaz pirueta fiscal de Zapatero, ¿porqué no?, el  arte es de todos ¿no?. Aunque el resto del año haya que continuar denunciando que no se vende un colín... y vuelta a empezar. Mientras, las cifras de Iberjoya duermen el sueño de los justos, como  las de las ferias de maquinaria agrícola, o cualquier otro de los bienes que inciden de verdad en nuestra vida diaria; mucho más que el  arte, para el  caso.

Pero nos gusta Arco, nos pone, cómo nos pone decir eso de "yo solo compro lo  que me gusta, no pienso en la inversión". Con esa filosofía de vida, Arco  ha sembrado de espantos los adosados  y áticos de medio Madrid, pero, sin duda, también ha hecho feliz a mucha gente. Y si pusieran a un director más alegre pues todavía haría feliz a más, quién sabe si, quizá,  hasta a los  galeristas.