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martes, 8 de marzo de 2011

Estrellas y estrellados.

Es sabido que  los tiempos de crisis  generan liderazgos  dudosos,  estrellatos tóxicos y doctrinas para echarse a temblar.  Pero aunque esté en la  teoría, no  veo la razón de aceptar esa situción, asumiendo al enemigo en casa, como si no se pudiera apagar la (mala) televisión y retomar la vida (propia) de cada uno. La de cada uno, vértigo que, hoy, ya empieza a parecer insuperable en amplios sectores de  población y, muy principalmente, en las clases medias.

Tiempo tendrán los que no la vivieron, de analizar nuestra crisis. Como  no  estaré para discutirlo en el momento, adelanto  ya algunas tesis que iluminen a las generaciones futuras (quién sabe si, quizá, también a las presentes) y  anime a sus líderes a un ejercicio más responsable de la autoridad. Porque ¿qué fue antes?, ¿la crisis económica o la otra, la de valores? Quizá la vanidad del  esfuerzo por llegar adónde no teníamos ninguna necesidad de ir,  nos dejó tan atontados que la crisis económica se nos coló por causa de la otra, por no saber qué  hacer con nuestras vidas, con nuestro tiempo libre, nuestros afectos, amores y horrores.

Algo  de lo  que nos  pasa nos mereceremos, después de haber encumbrado  a Mario Conde, a Torrente,  a  Raúl, Belén Esteban, el Dioni, a Jiménez Losantos, a Umbral, a Pérez Reverte, a Paquirrín, al novio de su madre, a la ex de su padre, a los giles y ruizmateos, a Carmen Machi  y sus abominables creaciones, a Esperanza Aguirre y a Mouriño, cuyos destinos la presidenta ha unido hasta la muerte (¿con el consentimiento del  portugués?)... En fin,  tantos líderes de opinión que nos fueron imponiendo, unos, soltar los botones de la manga de las chaquetas (a los que utilizan chaquetas con esa particularidad); otros, la necesidad de enriquecerse aunque sea sin escrúpulos; quiénes, la  procacidad  en el  lenguaje como marca de caráccter; o las  camisas inexplicables, las barrigas indecentes,  el tartufismo  santurrón y delincuente. En general, si nos fijamos, una insoportable tendencia al  cabreo, el exabrupto y la ordinariez de esta España nuestra, a la que solo le hacía falta la llegada del padre Maciel, para acabar de confundir a las gentes de bien, que, justo es decirlo, mostraron un arrojo en la confusión más propio de otras causas, ¿verdad, señora Botella?.

Parece como si el  arte de vivir, eso  que El País ya denomina, sin pudor, "estilos de vida" y  hasta de vez en cuando  se atreve a llamar life style, se hubiera reducido a convertirnos en la imagen de alguna de las estrellas del momento. La que sintamos más próxima. Pero de soñar esa imagen también pueden resultar pesadillas: compárese, si no, a Sergio Ramos con Beckam. O a Ophrah con María Teresa Campos... Podríamos seguir.

Si alguien piensa que Carmen Lomana tiene algo que ver con la elegancia, quizá se haya sentido estremecido  por los deslices de Galliano. ¿Y éste, quién es? Ahora todo el mundo se preocupa  por sus opiniones, como si sus creaciones llevaran años ocupando nuestros armarios, pero Dior bien a gusto se lo ha quitado de encima.

Esto de la moda, por ejemplo,  ¿importa a alguien más que a las periodistas que se dedican a ella? Sin Meryl Streep, Anna Wintour nunca hubiera sido nada, y a su anonimato  ha vuelto. Si somos serios, ¿McQueen marcó  una época? Puedo entender que Jhon Lennon se sintiera más importante,  o  igual, que Jesucristo, pero  nunca creeré que Mel Gibson sea su representante en la tierra.

La  televisión se ha convertido en una especie de elcorteinglés proveedor, y sustentador, del individualismo democrático que nos  aconseja hacer, sin tregua posible, lo  que nos  venga en gana. Baja uno al metro y le asaltan simulacros de todas las comedias televisivas que aparecen en la parrilla. El mariquita que empìeza se colocó un flequillo Glee, la  devoradora de hombres hace lo que puede imitando a Eva Longoria, lo de las chicas aquellas de New York parece que ya va en declive, pero no los pavos que se disfrazan de mad man.  El gesto  seudohosco del  doctor House se nos  hace hasta más  fácil de imitar. Hay un ejército de adolescentes dispuestas a comenzar cualquier duelo de baile, solas o con sus amigas más íntimas, contra cualquiera que se haya interpuesto en el  camino de cualquier chico que les de igual, eso sí, con el  gesto fiero aprendido en los high schools americanos.

A esto  llegó y no  sabemos cómo pararlo. Pero, felizmente, también veo  extenderse una cierta nostalgia de nuestro yo, ese interior, inalienable,  independiente, que muchos padres no encuentran en sus hijos y que a muchos hijos les reconfortaría descubrir en sus padres. Porque en esta materia, la transmisiónn es fundamental. Y no miremos siempre a la escuela. ¿Se imaginan a cualquier profesor compitiendo con el life style de Sheen en su famosa serie?, ¿qué puede hacer una profesora frente a la gracia infinita de Carmen Machi?, ¿debe el jefe de estudios, adoptar el role model de Risto Meijide para ejercer alguna forma de autoridad?


Yo no  pienso "divertirme hasta morir", porque ya fui avisado por Neil Postman, y  hasta creo necesario  redoblar la  vigilancia ante esa función reguladora de la moral, y  de todos los  valores sociales pasados y presentes (no se pierdan las  trampas de series como "Cuéntame" ) que ejercen los medios de masas y, con ellos, la caterva de modelos, más o menos disparatados, que propone esta modernidad nuestra.  Modelar una generación es hoy  más fácil que nunca:  la indumentaria, y otros imprescindibles de nuestro consumo diario, la regulan las series de televisión, lo mismo que el comportamiento y hasta el  lenguaje. Esto último es lo  más desazonante porque, a veces, se traducen los diálogos tan mal,  que se unen a las aberraciones lingüísticas que cometen, sin motivo aparente, las series nacionales.  El resultado de todo esto es que nunca fue tan difícil como ahora ser rebeldes: ¡ayudémosles!

(Dejo para otro día las  series de vampiros y su recomposición de la moral sexual de nuestros jóvenes. Es algo terrible).


domingo, 27 de febrero de 2011

¡DESFILEN YA, COÑO!




El inefable.
Aunque cada vez con menor  intensidad emocional, siempre estaremos celebrando el  aniversario de aquel famoso golpe de estado que  intentó Tejero, cuando llegue el  23 de febrero, y así, hasta llegar al ripio irreverente,  pasado ya, y bien pasado, el susto. En alguna de esas celebraciones es posible que hasta nos cuenten lo  que estamos hartos de saber y todos jugamos a ignorar.

Pero, dejando  a la  historia cuidar de su atormentada y evasiva memoria, me atrevo a pedir una conmemoración de la  efeméride con un Día Nacional  del Cabreo, un día en el  que cada español se pueda dirigir a los medios de comunicación, o al  mismísimo Congreso, expresando su cabreo, la  urgencia que le provoca alguna situación pública, política, que no acaba de digerir. Dejemos por un día aflorar ese  guardia civil que, dicen,  todos los españoles llevamos dentro. Unos mandarán sentarse a unos, otros dejar de hacer el chorizo a otros... y yo :  que desfilen unos cuantos hacia la puerta de salida, por entender que ya pasó su oportunidad.

Empezando por el  Señor  Zapatero. Sí, váyase, devuelva a Sonsoles a las  tierras altas leonesas y haga feliz, al menos, a una española, ya que poco pudo con los otros cuarenta y tantos millones (por no hacer sangre ahora con su promesa de aliar a todas las civilizaciones del planeta, en astral conjunción que vocearon sus vestales). Su proyecto de refundación lingüística de la realidad ha fracasado. No bastaba con afirmarlo para que se articulara España, anunciar los brotes verdes no revitalizó el estragado arbusto  de la  economía patria, las  palabras altisonantes no fueron escuchadas ni en Europa, Moratinos no pasó de Ceuta en su panarabismo, las señoras no se pusieron a parir por los incentivos fiscales, ni llegó la reclamada laicidad de la  educación, la violencia contra las mujeres aumenta con ministerio y sin él... Y los demás avances sociales de los que blasona, se extendieron a la  vez por todo occidente, los abandera la izquierda y los implanta la  derecha, sin mayor problema, del Guadalquivir al Elba.

Zapatero solo tiene un plan: aguantar y trasladar a los españoles, en primera persona, los datos que, con mayor o menor  fiablilidad, le adelanta el  FMI: que para el  2013 España estará creciendo otra vez por encima de la media europea. Si quiere le doy otro dato, igualmente decisivo en la  determinación del voto para las próximas elecciones: en 2111, todos  calvos... o no, visto que hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad.

Vestida por su enemigo.
Que se vaya también la  Chacón, por muy preparada que esté España para tener una presidenta, que ese no es el tema. La versión femenina de Zapatero, en su sinuosidad, situacionismo, feminismo de salón (de belleza), buenismo universal, vacieddad en el  discurso  y ciega determinación en la práctica, sería una puntilla demasiado cruel.

Todos estábamos dispuestos a creer en ella. Hasta que,  ya casada, empezó a escuchar los  cantos de sirena que sonaban, quizá en el propio  lecho nupcial... Y salió corriendo a la peluquería en una búsqueda de imagen sin fin, que la  tiene de tienda en tienda, buscando nuevas maneras de romper cualquier protocolo. Porque España está preparada para eso. Y para más, pero no conviene confundir lo posible  y lo conveniente.

Dicho sea de paso, todas estas señoras de la política en España. podrían estudiar un poco a Dilma Roussef, en lugar de hacerse tanto la mascarilla. Vestida por su sastra de siempre en Porto Alegre (igual  pudiera haber sido de Lagartera) y con una solución capilar que no requiere más mantenimiento que la ducha diaria, Dilma impacta por lo que es:  una extraordinaria trabajadora, dedicada a la  alta misión que  le  encomedaron las urnas. Porque ¿de dónde sacan tiempo nuestras políticas para tanto cambiar de trapo? No, no era la imagen, era el contenido, por mucho que Pepe Blanco siga empeñado en convertirse en el anuncio correcto del  político que soñó el filósofo Inerarity,  solo pasándose por la  esteticién cada dos por  tres.

Formales...
Pero,  sobre todo, y muy especialmente:  váya se señor Camps, porque eso sí que ya no hay quién lo aguante. ¡Qué talle, qué calva, qué  verbo; y sí, qué  trajes! Pero a este ¿de dónde lo sacaron? Ese cruce  del seminario tardío con la  temprana modernidad, ha generado monstruos en España, de todos los colores y tendencias, es  verdad.

Y no  confundir  el diagnóstico con el aplicable al  joven de los Costa, por muy valencianos que sean ambos: lo  de éste es un problema  de identidades cruzadas, que su hermano mayor podría arreglar con un  simple par de tortas. Si hubo o no  delito corresponde a la Justicia determinar, pero, más que por los trajes, yo buscaría  por las  fajas:  ¿quién les proveía, y en qué cantidades, esas prendas semiíntimas que les permiten aparecer en el Congreso Valenciano  como tubos de uralita?

...y de sport
La política tiene razones que el sentido común desconoce, pero la incoherencia verbal de Camps:  ese seminarista "amiguito del alma", junto al posmoderno, y crudo, "te quiero  un huevo", dirigidos a la misma persona, no  podía traer nada bueno. Intelectualmente, se entiende.

Y por terminar ese día de cabreo circunscrito al ámbito  de la política, añado solo  dos peticiones más, invocando la misma razón para aconsejar su marcha, la  estética:  Rajoy y Rouco, basta, por favor.

jueves, 17 de febrero de 2011

De ratones y hombres.

No siempre ha sido  así, pero,  ahora, ser europeo es   garantía de alcanzar un desarrollo humano/ista  razonable y sostenible, en el  que cuerpo y mente puedan aunar  estrategias y objetivos en pro de una vida cada vez mejor. En general, en Europa  los  estados no se vuelven contra sus ciudadanos y hasta, más bien, se la cogen con papel de fumar a la  hora de exigirles sus obligaciones. Que suelen ser fiscales para la  gran mayoría, y también penales, civiles, o hasta militares, según, ya , las tendencias y comportamientos de cada uno.

No  es así, por unas razones u otras, en grandes territorios de la América portugués, anglo  o hispano parlante. Y no es así, en absoluto, en Cuba, la perla caribeña que con la misma  facilidad con que se abre de piernas a los extraños, cierra sus entrañas a los  propios; ocasionando tanto  dolor, que bastaría para que algún tribunal, de algúna organización, de algún mundo, privara a su  gobierno de la patria potestad sobre el pueblo. Porque ya está bien de que los ratones tiranicen a los hombres.

Hay  lugares, como Cuba, en los que la mera existencia, el hecho  de nacer, te coloca frente al  estado. Eres homosexual y te conviertes en un enemigo, parece que personal,de Fidel Castro. Con lo que  ya eres reo  de todo  tipo de represión, sí, penal, civil  y  militar. Ha sido detenido  un grupo de homos que han  dado, encima, en asociarse, y, ya son ganas, adscribirse al  nombre de Reynaldo Arenas. Pues la asociación entera está en la  cárcel (no deben pasar de seis o siete miembros, pero son la asocicaión entera, con algún admirador  que se encontraba en el  lugar equivocado cuando los ratones patrullaban) . Detenidos el  pasado lunes, de momento  no se sabe dónde se encuentran, tampoco de qué se les acusa, ni, muucho menos,  cómo se les auxilia,  nada.

Eso es un dato, solo, de los muchos que aparecen en  las páginas de los diarios europeos dando cuenta de hechos similares, y peores, por todo el  mundo. Tras los datos hay vidas, planes, proyectos, que se vienen abajo  por la arbitrariedad de un raton gris que  se decidió a armarla, y  cercenó el  futuro de hombres que, de entrada, y aunque ese fuera su único valor, han tenido la sensatez de reclamar sus derechos... de hombre, ese mundo  tan ajeno al  de los  ratones.

España se estremece ante cualquier represión política o  merma de la  libertad de expresión. Y si  algún partido de fútbol excesivo, o cualquier otra circunstancia, distrajera nuestra atención; si, Lenin no lo quiera, se nos pasara algo por alto, ahí estará  Willy Toledo manifestándose para denunciar la culpabilidad  de nuestra siesta burguesa. Y la  cosa va por barrios, otras veces es el PP el  que se empeña en organizar la cabalgata de los reyes magos en La Habana, para que se hable de valores, supongo. El caso es ese, que con la política la  gente se moviliza fácil. Que se pateen maricones ya no  importa tanto. Porque en el fondo, como se decía en tiempos de Franco, algo habrán hecho.

A nadie extraña (bueno, esto no es exacto: hay a quién ha extrañado, sí) que el poder salga en tromba por los fueros de un ciclista en cuya sangre se han encontrado sustancias dopantes. Parece labor propia de jefes de gobierno y oposición, esa de velar por la cantidad, calidad o  efectos de las drogas que se embaulan sus ciudadanos. Pero ¿quién es el  guapo que sale a defender a los homosexuales de los  atropellos de que puedan ser objeto? Y menos, salvo alusiones demasiado genéricas, en un contexto internacional en el que tan de moda está defender cualquier otro derecho humano que no sea "ese". Vamos, ni la Trini, que  tan mona se pone para acudir a bodas de sus amigos galeristas (por lo menos...), tiene nada qué decir de lo  que ocurra en Cuba a este respecto.

El cinismo  de los ratones es de sobra conocido, no tienen mayor inconveniente en exponer  la juventud de Cuba a las frustraciones de tantos  europeos que allá deponen sus miserias, sobre los  cuerpos dorados de los caribeños, siempre que dejen, claro está, las ansiadas divisas. En los  hoteles internacionales, los cubanos se muestran todo lo respetuosos con los derechos humanos, que cabe esperar de quien comercia con su juventud. Pero cuando se apagan las luces y se va el público, si algún hombre se atreve a serlo desafiando la condición de los ratones, bueno, hay medios para reducirlo.


Así que  cada vez  que veo una de esas películas de veranos y azoteas  habaneros, calenturas y salsa, con las que lo más tonto del cine español se adorna de multiculturalismo, siento ese mismo cinismo tras la mistificación pseudopropagandística cuyos  únicos  beneficiarios son, desde luego, los ratones. ¿Cómo  se puede trabajar con ningún valor simbólico, de esos que maneja el arte, e ignorar que solo  acceden a Internet los  ratones? ¿Ve, mientras ruedan,  el señor Zambrano (u otros), a  los hombres que duermen en los parques de La Habana, esperando que abra la Embajada Americana para conseguir veinte minutos de conexión?, por supuesto a unas velocidades que no  permiten ni gestionar el correo.

Nadie en la izquierda europea puede tirar la primera piedra en la  consideración que Fidel  Castro ha disfrutado del Guadalquivir a los Urales. Pero  gloria al  que tire la última y, mientras tanto, sea la que sea, es hora de que los medios de comunicaciónn dejen de reir las  gracias de un Castro fantasmal,  cuando sale a animar al  pueblo egipcio a la  revuelta o a pontificar sobre cualquier cosa, ahora que parece que recupera la forma y ya alcanza los 45 minutos de discurso sin tener que recurrir a clembuterol de ninguna clase, que se sepa.

Quedan revoluciones pendientes y nuestra buena vida no puede hacer que las olvidemos. La represión de las ideas es terrible, pero no se conoce régimen, fórmula de gobierno o  jerarquización colectiva, en la que no  se ejerza de una u otra forma. Su represión por la violencia causa el natural impacto de las imágenes que vemos continuamente en la televisión: bahreiníes perforados por perdigones, iranís tiroteados, egipcios apaleados... Pero son fenómenos que cuentan con la repulsa mundial, de ahí, que sin menoscabar la enorme injusticia  de cualquier aplicación de la violencia, se establezca una lucha en la que se conocen los medios y los fines, y cada uno elige entre plegarse al poder dominante o combatirlo.

La  represion que se ejerce sobre los cuerpos es todavía más cruel:  el reprimido no tiene cómo escapar, ni de ella ni del cuerpo que la origina. Cuando en Stonewall, aquellos americanos, musculosos o no, comenzaron a devolver las bofetadas a la policía, comenzó un camino que estamos recorriendo con más dignidad y coraje del que los ratones nos atribuyen habitualmente. Es el  cuerpo el  lugar de la identidad  del  individuo, también el de su vinculación a la  sociedad; si se encarcela, tortura y hurta ese cuerpo, se está cercenando al individuo,  lo que no  da derecho a venir luego pidiendo  fondos de cooperación al  desarrollo: ¿a qué desarrollo?

domingo, 30 de enero de 2011

La muerte os sienta tan bien....


No parece que, esta de rockero, sea una profesión de alto riesgo. Son muchos los  que se arrastran por escenarios de todo el  mundo, con mejor o  peor  fortuna,  cuando ya podrían estar jubilados hasta con el sistema Zapatero.  Desde luego, más de los que ardieron con su creación, necesariamente urgente.

Las dos portadas que acompañan son del mismo mes, del actual. Una conmemora una aniversario que sigue levantando  pasiones, la  otra es más difícil saber qué, pero algo celebra también.

La mágica foto de  Rolling Stone,  con Yoko en su cumbre creativa, inspiradora y dinamitera a un tiempo, capaz de asumir la maternidad intemporal del genio, al que no necesita parir pero no deja de alentar.  La  verdad es que el  tiempo demostraría que, de forma bastante predecible, ella quedó más muerta que el nunca suficientemente añorado Jhon Lennon.

La maravillosa foto de Leibovitz es otro ejemplo de la libre circulación de significados que por unos años recorrió el arte y la  cultura, más populares de lo que  nunca lo serán en el momento  de sobreexposición mediática que padecemos.  Es una foto  que refleja la  violencia del  acto  creativo  que unió a esa pareja eterna. Gran parte de la música que hicieron juntos sigue siendo un enigma tan abierto como la profundidad  del mensaje de otro cadáver jóven y del momento, Jimmy Hendrix. Entrar en la  elementariedad del  grito, como hacen en algunas de sus creaciones, colocaba al  pop  en la  senda de Jhon Cage, en el  misterio de Pollock, junto con los jóvenes airados de todo el  mundo. Esa es una foto que explica un tiempo.

Si Lennon volviera con nosotros  y encontrara la portada con Elton Jhon en  los quioscos de Brasil, donde se publica una lustrosa edición de la entrañable ¡Hola!; pensaría, quizá, que los ingleses, en otra de sus imprevisibles piruetas históricas, lo habían elegido reina de Inglaterra. Y como tal se muestra Elton ante la aldea global, presentando al  heredero ante los medios del mundo.

Asumiendo que tanto derecho  tiene Elton a hacer lo que le  venga en gana, como cualquiera a comentarlo, puesto  que lo  hace en público,  dejenme decirles que yo no me esperaba esta asunción tan desinhibida del  eterno maternal,  que, por otra parte,  quizá todos llevamos dentro  y estamos  demasiado acostumbrados a reprimir. Y por el  eterno  maternal aún pasaría, ¡pero esa abuela con gafas! Tras el  papel principal en la imposible comedia musical "Lady Di goes to any haven available" (consiguiendo ser  nada menos que la muerta en elentierro),  ¿qué otra noticia sobre creaciones de Elton hemos  tenido? Digo de las concebidas de cintura para arriba.

Porque es muy posible que David Bowie haya sido también abuela, pero  ha tenido la caridad con nosotros, y la piedad consigo mismo, de ocultarlo. Actitud que nos permite seguir escuchando su música,  la del  increíble Station to Station, por ejemplo, con el mismo impulso vital  con  que fue creada,  y sin temer que la  abuela entre en la habitación justo cuando nos estamos masturbando, que es la sensación que me asalta a mi si escucho un disco de Elton Jhon y aparece, de repente, la portada del ¡Hola!

Y es que no, todo no  vale. Aplaudimos sin descanso el  avance social  que va equiparando (no tan de prisa como parece) los derechos,  y deberes, de gays y lesbianas con los de cualquier hijo de vecino. Pero no llevamos bien la estrategia de relaciones públicas y márketing de quienes ya en el  declive de su carrera, tratan de relanzarla con una intoxicante ética/estética de género, aprovechando que hay un público nuevo, el gay; tan nuevo como la sociedad líquida, pero  si lo dice El Mundo...

Porque, si alguien no  coloca a tiempo un bozal a Ricky Martin, ¿cuantas veces más nos  va a contar las delicias tántricas de su identidad sexual encontrada?: ¡pero si a nadie le cupo nunca la más mínima duda sobre la misma, ¿cómo pudo  caberle a él?! Y es que esa ecuación gay/consumista/idiota es la que yo no  acabo de entender de dónde sale, sólo  que se encuentra, preferentemente, en páginas tan avisadas y comprometidas con la realidad como las de El Mundo... admitámoslo: y similares.


 Al menos los Rolling Stones se suben a un escenario - bueno, ya no sé  si pueden: desde que se caen de los árboles...- sin estrategia ninguna y se ponen a hacer lo de siempre, solo que ahora mal. Porque si hay un arte inevitablemente urgente, ese es el rock and roll. Ninguno  de los  grandes hizo  nada a partir de cierta edad, y ninguna estela como la de Jim Morrison o Jeff Buckley, por actualizar el mito; ninguna creación comparable a la de Jhon Lennon, ningún desgarro como el de Janis Joplin. No dejemos que el  mercado,  o los mercados  esos que  van a acabar con Zapatero, terminen con nuestra percepción y disfrute de lo que solo puede ser jóven, o  no será. Y que no   nos  vengan con que Supertramp existe, solo por esas fiestas de centro de día que organizan los veranos. Menos aún después de haber aceptado que Elvis no murió sino que se retiró, quien sabe si en la luna misma a la que nunca llegaron los americanos...!

sábado, 29 de enero de 2011

Taxi Driver


Ni siquiera los lectores que nos negamos a caer en la  trampa de la novela negra, hemos podido sustraernos a la evidencia de su moda. Ya eso sería suficiente motivo para salir huyendo de las sobrediseñadas y archipromovidas portadas que nos acechan desde todos los rincones de las librerías y hasta de los supermercados. Pero  hay otros.

Y veo uno de los principales en la  insensatez que recorre el mundo. Tanto  ese ejército de investigadores más o menos privados, como las falanges de lo  que se ha dado en llamar telerealidad, se nos están convirtiendo en una segunda piel cultural. A veces inconfesable, a veces lucida con orgullo de bronceado marbellí, es evidente que va camino de naturalizarse en adn.

Y tan alienante es lo  uno como lo otro, aunque vaya por clases. Porque quienes se estremecen y excitan con las variadas sagas larsson, miran con desdén a los seguidores de todas esas norias, veranos y qué sé yo qué más atracciones de la  variada feria cañí que vuelve a definirnos, como en aquellos tiempos de los que creíamos haber salido. Pero por ahí andan...

Ya es evidente que esa segunda piel nos inmuniza por completo y nos permite aventurarnos por entre los mensajes de los medios de comunicación, cada vez más volcados en el  relato de la violencia. Las guerras, los desastres naturales, la  de género, la juvenil o el  terrorismo. Encajamos todas las violencias que nos asaltan desde la hora del  desayuno, y que van alimentando nuestra sensación de saber marear todas las tormentas, sortear todos los peligros, y llegar al final del día celebrando que seguimos enteros.

Esa violencia que ya ni identificamos porque es nuestra vida, es la  violencia que emana de nuestro sistema económico, social y cultural, la violencia del hombre que come hombre, y perro si hace falta, y todo por un puñado de euros. Pero a eso hemos llegado. Así que cuando nos asalta el  relato de alguna tragedia acaecida a nuestros semejantes, lo aislamos, lo  condenamos como una aberración, y seguimos viendo la  televisión tan ricamente. No forma parte de nuestro mundo, la violencia es siempre cosa de otros, de esos a los que les pasan esas cosas, ellos sabrán  por qué.

A mí,  uno  de esos hechos  se me está  enquistando en el corazón (social, que también tenemos). La secuencia demencial  de actuaciones públicas y privadas que siguen sucediendo a la desaparición de Marta del  Castillo en Sevilla, colma la capacidad de espanto del más  avezado  lector de novela negra, como del más salvaje espectador de telebasura. Ni  necesitamos a Nieves Herrero para irnos marcando las pautas del horror ni los plazos del estremecimiento.

 Un desaforado grupo de adolescentes, secundados por algunos adultos, han secuestrado lo  que se creían derechos inalienables de la persona: el derecho al dolor por los muertos más  cercanos, el derecho al cuerpo  de los desaparecidos, el de la sociedad a consolar y acompañar a  quienes sufren la  pérdida de alguien tan próximo como pueda serlo un hijo. Y eso después de haber confesado que sí, que mataron brutalmente a la joven que se cruzó en su camino. Pero ni años de investigación, millones invertidos en búsquedas infructuosas, ni el Cuerpo de Policía,  ni la Justicia, han sido  capaces de romper la omertá de quiénes encontraron esa rara solidaridad  en el desafío a la  sociedad. Cuyas consecuencias quieren eludir a toda costa. Y sus padres, hermanos, vecinos y novias participan del mismo pacto en una ceremonia de ignorancia y crueldad solo  comparable al desprecio por el dolor ajeno que muestran las  acciones terroristas. La apertura de fosas comunes habilitadas durante la Guerra Civil o en los  terribles momentos que la sucedieron. cuentan con la aprobación general de una sociedad que comienza a atreverse con su pasado. Pero no  puede lidiar con el presente.

La violencia no  está solo en los  actos violentos, también en su contexto.  Aterra ver a los padres del menor, juzgado esta semana, acudir al  juicio: compuestos, conscientes de las cámaras que esperan al entrar y al salir y mostrando el apoyo  incondicional al presunto (allá cada uno...), y  el  desafío constante  a la contraparte. No es fácil pensar en estas circunstancias, pero de alguna manera tendremos que conseguir explicar que esto ocurre en la  puerta de al lado.

Está  la  educcación. Cierto. Pero no  solo, porque la misma, deplorable si se quiere, la están recibiendo todos los jóvenes que acuden al sistema de enseñanza pública en nuestro país, y no todos  derivan en semejantes comportamientos. Y, cómo no, está el  asunto de la sociedad líquida, en la que afectos y compromisos se diluyen en ese mar sin ética que baña nuestras playas personales y sociales. Pero,  vamos  a  ver, aparte de la genialidad del señor Baumann para sistematizar una teoría brillante,  la sociedad ¿no  ha sido siempre líquida? Naturalmente. ¿Qué generación no  ha vivido  una "crisis de  valores"?,  ¿cual de ellas no tuvo que lidiar con la desintegración familiar?, ¿quién se libró de la  crisis de las religiones, con sus idas y venidas? Vamos, que ¿quién escapó al pecado original?, en una palabra.

Y con todo y con eso, no nos echamos al monte así como así. Porque es muy difícil ser realmente violento.  A mi no me sale. Alterar, subvertir y trastornar elementos tan esenciales al  funcionamiento de una sociedad, como lo están hacciendo estas personas, es muy difícil. Recordemos al  Robert de Nito de  Taxi driver. Sus desasosegantes escenas ante el  espejo, anticipando  actitudes que le  facilitarán más tarde la descarga violenta, los monólogos en presencia de la chica que persigue... la soledad irredenta de su apartamento: el deseo de acabar con todo  eso agrediéndose a sí mismo en sus víctimas. A quien ataca es a sí mismo, cierto que como integrante de esa tribu que juzga inviable y por formar parte del horror,  pero a sí mismo.

Se pasa a la  violencia  por autodesprecio y se  pasa  a la  violencia por temor al otro.  Marta del Castillo era una mujer y desapareció por eso, lo que no  sé  si se ha acentuado suficientementte. El temor que la mujer está infundiendo en determinados  varones, de adscripción social y nivel educativo bastante homologables en todo  el mundo, es uno de los misterios de nuestro tiempo que, desde luego, las novelas suecas no  van a desvelar.

Así que la sociedad, nosotros, en lugar de estremecernos (de gusto) ante el horror que aflige siempre a los otros, debería aplicarse en la utilización de su variada panoplia de instrumentos, hasta conseguir identificar y aislar los comportamientos tóxicos que comprometen su funcionamiento.

Porque sería tremendo llegar a la conclución de que la democracia no sabe lidiar con la violencia o, peor,  que la  genera, en su incapacidad para alcanzar una verdadera distribución igualitaria de valores como la educación o la justicia. Quizá el  ruido con que ruge la sorda tempestad de los medios nos impida escuchar el  lamento de los individuos. Vergüenza para quiénes así se lucran de las lacras de los demás.

PD: la foto es otra increible imagen de Víctor Carrillo.

miércoles, 26 de enero de 2011

Estilismos

Ella.

Él...












El gran Gilberto Gil
Carlos Calil, Secretario de Cultura de la Prefeitura de Sao Paulo

Ovserven el largo de la chaquta (de él)
Nada resulta tan físico como el  ritmo, es la experiencia misma de la  fisicidad, de la  vida que corre por nuestras venas. Así que no es de extrañar que sea la música el  arte que, con mayor probabilidad, puede hacernos pasar al otro lado del espejo. La experiencia musical  convierte nuestro cuerpo en el  instrumento  imprescindible de la trasmutación artística, por eso somos oyente, músico e instrumento, cuando nos permitimos ese tipo de esperiencias, sí, más "orientales" que "occidentales", si hemos de atenernos al tópico.. Otras artes las proporcionan en diferente grado de intelectualización,  por lo que no es de extrañar que, asumiendo un cierto idealismo, la  vida misma podamos considerarla una obra de arte. 

Entonces ¿para qué necesitamos  un ministerio  de cultura? Y no creo que la  respuesta sea tan evidente, aunque la pregunta se pueda reformular hacia, ¿qué podemos, y debemos, esperar del ministerio de cultura? Pasemos sobre lo obvio, la conservación del patrimonio, que es lo que  justifica su existencia. E igualmente justificaría la de un supuesto ministerio de obras públicas (Franco, ¡poeta!), puesto que públicas y obras son las que el ministerio de cultura tiene que conservar y, en su caso, gestionar.

Se ha puesto de moda tirar contra Malraux:  un ministerio de cultura es, en nuestros días, un ente que NO hace lo que hizo el francés... pero bien que su nación lo aprovechó. Un ministerio de cultura es un promotor que nunca tiene que hacer un Beaubourg, porque ¡vaya un pretensión!, esa de competir con Nueva York y su expresionismo abstracto, ¡a quién se le ocurre!

Pero sigue habiendo una marca cultural francesa,  reconocible en todo el mundo, extraordinario complemento de la diplomacia pública que ejercen las multinacionales galas en los cinco continentes. Ya..., tampoco ese tiene que ser el objetivo... y la discusión inunda volúmenes, completa anaqueles y anima masters de gestiónn cultural, ¡y mira que es difícil animar esos engendros!

Celebrábamos ayer el 457 aniversario de la ciudad de Sao Paulo aplaudiendo a un músico junto con los responsables de cultura, estatales o locales, pasados o presentes, que colaboran en la producción,  difusión y goce de una cultura (muy discutible también, y ocasión habrá  para ello) con un marchamo  popular difícil de encontrar fuera de Brasil. Pero es que a los ministros les gusta su trabajo, y sentarse en el  suelo  desafiando a la deshidratación, con una botella de agua en la mano;  y al spleen urbano, con  Naná Vasconcelos, les parece el  mejor  plan posible para celebrar un cumpleaños. Por ejemplo el  de su ciudad, y en compañía de sus ciudadanos, no de sus próceres, ni de sus paniaguados de  cámara. Cuestión de estilo.

Siguiendo ese argumento que nos lleva del  gusto al  tacto, de este al  estilo y desde él, a una buena gestión del  capital simbólico de la comunidad, ¿qué es lo que gusta a los ministros de las españas? Al menos, para centrarnos,  a esos que el  incansable dedo de Zapatero señala y consagra como guardianes de nuestras esencias , con la misma veleidad y desinformación con las que el dedo de Florentino Pérez coloca entrenadores en su Real Madrid.

¿Se acuerdan de un tal Molina? Pues fue uno de ellos no  hace mucho. Solo con facilitar la desaparición de los faldones de sus chaquetas por el  centro de Madrid, se aliviaron los problemas de tráfico en la capital. Y la noble intención de escondernos sus enormes posaderas no justificaba las oleadas de tela que aparecían en los actos oficiales, siendo así que, además, no hay Instituto Torroja capaz de diseñar la prenda que disimule semejante anatomía. Eso se olvida con relativa facilidad, pero ¿y  lo que hizo en el  ejercicio  propio de sus funciones? Sin noticias ya de quien, por otra parte, nunca las tuvo  más que de sí mismo.

¿Y  qué será de la ministra actual, a caballo entre la loba de Custo que le  gustaría ser y la  teresiana que no  acaba de salir de ella? Porque con esas  alternativas se presenta en sociedad, sin transición alguna. Eso sí, como su antecesor, rodeados de un ejército de fieles (y no  tanto, que hay cada desagradecido, contando  unas cosas...) que los aisle de la  realidad,  les oculte la  respiración de la calle  y les permita vivir ¡su imposible sueño Malraux! En el  suelo se iban a sentar ellos..., ¡hasta ahí podíamos llegar! Estilismos. Pero el veleidoso dedo de Zapatero ya gira otra vez...

Para orientar su alegre vuelo,  los internautas proponen la oronda figura del  señor de la Iglesia (Alex, no Rouco..., que a lo mejor pronto tiene su oportunidad también).  Y yo propongo ¡a Mouriño!:  un poco de orden, sí señor. Total,  nadie como él (ni siquiera Molina) para poner una institución a su servicio convirtiéndose en el patrón de su empleador. Y ya veríamos si se arbitraba a favor de los artistas españoles  en las bienales immportantes o no. Y lo de las descargas, bueno, en media hora; por no hablar del cine;  o  del Reina  Sofía, ¡patronatos a él!:  a ganar en todos los  frentes, que participar es de tontos. ¡Ah!, que no es español... en realidad, no hay nada más español que un portugués cabreado...

sábado, 15 de enero de 2011

....llegaron las lluvias a Brasil, embarrando el legado de Lula.

Como todos los años, las llluvias de verano  sacudieron el paisaje de unas cuantas ciudades brasileñas.  A  las habituales inundaciones, derrumbamientos, desalojos, colapsos de tráfico,  asaltos, robos  y desquiciamiento de los ciudadanos, este año se añadió un número  de víctimas mortales muy difícil de asimilar. Sobre todo para una sociedad que comenzaba a percibirse invulnerable, al haber dejado de mirar para las zonas menos  fotogénicas de su realidad . Y en Brasil, más que en ningún otro sitio, la  imagen crea la  realidad.

El informalismo urbanístico brasileño, tan ponderado por algunosw arquitectos papanatas de Europa (solo a cambio de un pasaje aéreo para contarlo bien cerca de las favelas), con su corolario de falta de planificación y ordenación territorial,  corrupción de las autoridades municipales que permiten cualquier cosa en cualquier momento  de cualquier sitio; y,  sobre todo, el  abandono a su  suerte de la clase más baja por parte de las élites intelectuales y económicas del país:  esos son los  causantes de la tragedia... de todos los años, en mayor o menor magnitud.

Sobrecoge ver en televisión las connsecuencias de la  tardanza, incompetencia y esccasez de la  ayuda que se brinda a las víctimas. Los helicópteros bordonean por el cielo de Sao Paulo,  llevando de  acá para allá  a las  hacendosas abejas que liban sus fluidos  financieros y fecundan  las cajas fuertes de los rascacielos, perfectamente a salvo de las contingencias climáticas. Ninguno de esos helicópteros ha perdido media de sus lucrativas jornadas para reforzar el magro contingente de medios que la administración del país trata de armar contra la  calamidad. ¿Demagogia? No si se  aplica la crítica a momentos puntuales, en los que salvar o no salvar vidas es cuestión de minutos. Los que ha tardado el  barro en anegar el optimista legado del expresidente Lula.

El tránsito de 20 millones de personas de la más  absoluta miseria a la pobreza, ha ccreado  una fuerza de consumo que acciona los  resortes industriales y financieros del país.  Pero ese "consumo para el pueblo pero sin el pueblo" solo evidencia la sideral distancia a la que se encuentra ese pueblo de las clases mejor situadas del país; y, sobre todo, el abismo de ignorancia en el  que sigue sumido sin  que ninguan forma de activismo civil sea imaginable y menos aún ninguna acción educativa estatal eficaz, regeneradora y a  la altura de los tiempos que la propaganda oficial dice haber alcanzado ya.

Los brasileños, fue la aventura tardo-seudo-colonial de Lula, colaboraron muy activamentte en el remedio de la tragedia que supuso el terremoto  de Haití. Las imágenes de su aniversario se confunden en las televisiones locales con las de las ciudades anegadas. Que no es posible  confundir con las que llegan de Australia, por más similares que sean los fenómenos  atmosfériicos que las ocasionaron. La  secretaria del organismo  de Naciones Unidas para la prevención y seguimiento de catástrofes naturales, ha sido terminante al  descalificar la  prevención y el seguimiento de tales fennómenos en el gigante sudamericano.

¡Pobre Brasil, tan cerca de Haití y tan lejos de Australia!